Saint Seiya CDZ. Caballeros del zodiaco
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Gigantomachia

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Portada del Volúmen 2 de Gigantomachia

Volúmen 2: Chi no Sho (Capítulo de Sangre)


Cabellera

Península del Peloponeso, extremo sur de los Balcanes.

- Aquí tampoco hay nada – Dice Seiya para sí mismo, al examinar la pared de piedra. Él reconoce la luz débil que ilumina levemente la caverna, donde con certeza no llegan rayos del sol. Es la misma que vio en las profundidades del Monte Etna, donde Typhon estaba aprisionado – Con certeza este lugar fue parte de las Tierras Sagradas de los Gigas – Concluye el Santo de Bronce de Pegaso.

Esta caverna es bastante menor que la del Etna. No tiene templos, apenas ruinas de un altar de piedra. “Extraño...”, piensa el joven. “Tengo la impresión de que alguien estuvo aquí hasta hace poco”. Seiya parece sentir los resquicios de un Cosmo, pero no hay señal de los enemigos. Con excepción de murciélagos, el Santo es la única criatura viva allí. Él no tiene otro remedio que dejar la caverna atrás.

Anochece en Atenas, el lugar sagrado de la guerrera protectora de la Tierra. Yulij, de la constelación de Sextante, en un vestido y una túnica escarlata, está en el observatorio estelar del Santuario. A su lado, el Santo Mei.

- Parece un mar de sangre – Comenta Mei, que viste una camiseta y pantalón negro, moderno, en contraste con la vestimenta clásica de la joven – Desde cuando el atardecer es tan rojo bermellón?
- La erupción del Etna fue la mayor de los últimos siglos – Explica Yulij – La polvadera volcánica formó una espesa capa en la estratosfera, bloqueando la luz solar, por eso el cielo está rojo bermellón. Según los investigadores de la Fundación Graad, en los próximos tres a cinco años, la incidencia de la luz solar sobre la superficie terrestre va a disminuir en más de 10% - Inestabilidad climática, perjudica la agricultura, falta de alimentos... la cosa es seria – Suspira Mei.
- Tú estás bien? – Pregunta Yulij, con una expresión preocupada.
- Yo iba a preguntarte exactamente lo mismo.
- Estoy bien.

Yulij había sido gravemente herida al ser secuestrada por los Gigas, pero parece estar casi totalmente recuperada. Hasta su máscara, que Mei había quebrado cuando estaba sobre el dominio de Typhon, está totalmente intacta, cubriendo su rostro.

- No tienes problemas en usar la máscara por encima de los vendajes? - Qué se puede hacer? Ese es el dogma – La tradición dice que toda mujer que está con los Santos debe abandonar completamente su feminidad, escondiendo siempre su rostro.

El piso destruido del observatorio, donde antes se veía un mapa del zodiaco es testigo del ataque de Mei.

- Sabes cual es el otro dogma? – Pregunta Yulij, en un tono casi pícaro, antes de colocarse en posición de ataque, intentando aplicar un golpe en la garganta de Mei, con un golpe, o sable de mano – Para un Santo Femenino, ser vista con el rostro expuesto es más humillante que verla desnuda en público. Si alguien ve su rostro, el Santo Femenino tendrá que matar a esa persona.
- Esa regla la conozco – Sonríe Mei, ignorando los poderosos puños de Yulij contra su persona – Entonces mataste a los médicos? Cómo es que te operaron la cabeza sin mirar?
- Los médicos son otra historia...
- Hey, no tenías otra alternativa? – Continua Mei.
- Amar a quien viese tu rostro?
- Te estás burlando de mí – Suspira Yulij – Que imprudente. Crees que no soy capaz de matarte?
- No tienes motivo. Infelizmente no vi tu rostro. Al menos, no lo recuerdo. Mis recuerdos de cuando estaba sobre el poder de Typhon son confusos. Sé que quebré tu máscara aquí mismo... pero no consigo recordar los detalles.
- Que amnesia más conveniente – Dice Yulij, recogiendo su puño, medio a regañadientes – Si fuera a amar a un hombre irresponsable, prefiero creer que no viste mi rostro... Dónde se vio que un despistado como tú, sea ordenado Santo... Las estrellas deben estar protestando. Qué tipo de aprendizaje tuviste con tu maestro?
- Ah, de varios tipos... – Responde Mei, pensando – Aprendizaje de vida.
- El destino de tu constelación es bastante menos agradable que eso – La voz de Yulij suena ahora entristecida. Ella levanta los ojos al cielo. La coloración púrpura de la puesta de sol va siendo gradualmente sumergida en las tinieblas.
- Está difícil divisar las estrellas, eh? – Comenta Mei.

De hecho, la atmósfera parece estar cubierta por una densa niebla.

- Typhon cubrió el cielo estrellado con cenizas. Con eso no consigo divisar directamente el mundo o el futuro – Lamenta Yulij – Y a tu constelación, Mei, es más difícil divisarla que a las otras – Continua, apuntando un punto en el cielo.

En el lado oeste del firmamento sobran aún las últimas constelaciones de primavera. Un poco encima de Virgo, entre las estrellas Denébola y Arturo, se encuentra la constelación de Cabellera de Berenice. Es un conjunto de pálidas estrellas: Por más limpio que esté el cielo, visualizar en ella los largos cabellos de una mujer es un verdadero ejercicio de imaginación.

- Puede no parecer, pero en ella están galaxias enteras – Explica Yulij.
- Por eso la llaman “Ventana de Galaxias”, no es así?
- Pues, vean eso... – La joven está sorprendida con los conocimientos de astronomía de Mei.
- Son galaxias distantes – Continúa Mei – Podemos divisarlas porque está al norte de la Vía Láctea, en un pedazo de cielo donde tiene menos estrellas.

Yulij cambia debido a algo:

- Estoy preocupada por Seiya y los otros que fueron tras pistas de Typhon, todos los que son capaces de caminar están en esa búsqueda, en este momento solo hay Santos heridos en el Santuario.
- Typhon no es como los dioses del Olimpo, que quieren el dominio de la Tierra – Reflexiona Mei – No sabemos que realmente pretende, es eso algo asustador.
- Pensé que los Gigas querían dominar el planeta...
- Puede ser... Pero los Gigas son como esclavos presos por el temor de Typhon. Una voluntad divina corrupta como la de él jamás estará satisfecha, a no ser que destruya todo, y al final, a sí mismo.
- Cuando fuiste marioneta de Typhon, tocaste su “voluntad”? – pregunta Yulij – Yo se que prefieres olvidarlo, pero me gustaría saberlo aún así.

Mei esconde el rostro, como si estuviese recordando una pesadilla.

- Ven conmigo a la biblioteca – Continúa Yulij, tomando su mano – Quiero oír lo que tienes que decir.

En el margen norte del Mar Negro: Una región de Ucrania, antiguamente conocida como Citia.

- Tampoco es aquí – Dice Hyôga. Una pared bloquea su avance.

La Cloth de Cisne, blanca-azulada, y los cabellos rubios del joven brillan levemente en la oscuridad, prueba de que esta fue una de las Tierras Sagradas de los Gigas. En la caverna vacía vemos apenas restos de un altar de piedra.

- Este olor... es el olor de Typhon – continúa Hyôga para sí mismo, frotándose la nariz. Su Cosmo capta una sensación anormal en el aire – Es como si fuese un rastro mezclado de una voluntad maligna... talvez el propio Typhon ha pasado por aquí. Pero para qué?

Los rastros dejados eran insuficientes para cualquier conjetura.

- Yo tenía un miedo terrible de disgustar a Typhon y exponerme a su temor – Cuenta Mei. - Como los Gigas? – Pregunta Yulij.
- Es... yo entiendo porque los Gigas le rinden culto a Typhon. Es un dominio psicológico absoluto... suficiente para que ofrezcan su propia vida en sacrificio.
- Sabes que es el Calabozo del Tiempo Estancado? – Yulij anota con cuidado todas las informaciones brindadas por Mei.
- Es una especie de sello temporal. Typhon selló a los Gigas sobrevivientes de la antigua Gigantomaquia en diversas partes del mundo. Al contrario de él, que es un dios y por tanto inmortal, los otros Gigas no son diferentes a los humanos, tienen una vida terrenal limitada. Detener el tiempo fue la única manera de hacerlos volver con su cuerpo físico después de tantas eras.
- Un don secreto de los dioses – Suspira Yulij.
- Después de poseer mi cuerpo... – Continua Mei.
- Typhon rompió las ataduras temporales y trajo a los Gigas de vuelta a la vida.
- Cuántos Gigas renacieron?
- Solo recuerdo a cuatro: Agrios, Thoas, Pallas y Enkelados.
- Pero hay algo extraño allí... – Comenta Yulij, pensativa – Según los registros del Santuario, Typhon y todos los Gigas fueron sellados por Athena. - Tiene sentido que la diosa haya sellado a Typhon, que es inmortal. Pero no habría razón para dejar a los Gigas vivos dentro de las ataduras. Esos libros históricos del Santuario son confiables? – Pregunta Mei.
- Dicen que “verdad” y “realidad” son conceptos diferentes. Es la misma cosa con historia y realidad. La revuelta de Saga, por ejemplo: Es un desafío decidir como ella va a constar en la historia oficial.
- De cierta forma, sería correcto decir que el Santo de Oro de Géminis fue poseído por sentimientos malignos y asesinó al Gran Papa – Sugiere Mei. - Pero transmitir eso para los Santos del Futuro...
- No es muy apropiado – Completa Yulij.
- El oficial mayor dice que Saga sufría de esquizofrenia, tenía dos personalidades, una de justicia y otra del mal.
- Saga en sí no era el mal absoluto – Concuerda Yulij. – Pero trató de traicionar a Athena y provocó una crisis interna que causó la muerte de un número enorme de Santos.
- De cualquier forma, Athena, la guerrera defensora de la Tierra, debe siempre aparecer en la historia fundamentada por justicia inamovible e inmaculada por victorias incuestionables – Dice Mei, con ironía.
- Vaya, hablas cosas peligrosas con la mayor cara de inocente! – Comenta Yulij – Si el Maestro Nicole lo supiese, de hecho que te quitaría el título de Santo...
- Entonces queda entre nosotros, verdad? – Dice Mei – No quiero quedar en el recuerdo de ser el Santo que tuvo el menor tiempo con el título.
- Voy a hacerte el favor de no escribir lo que dices – El tono de voz de Yulij continúa serio – Lo que la historia oficial de Athena precisa son las Guerras Santas y la verdad histórica de las victorias. Eso dará coraje para que los Santos de las próximas generaciones enfrenten el combate. No hay necesidad de conservar registros de los Santos que sufrieron amargados entre la justicia y el mal o que sintieron compasión por los enemigos. - Athena es justicia – Concuerda Mei.
- Exactamente. Quien dude de eso nunca va a conseguir ser un Santo de verdad, defender aquello que precisa.
- Tu rostro – Mei cambia de tema – Hablar con una mujer sin expresión es más asustador que enfrentar a Typhon.
- No puede ser peor que mirar esa sonrisa tonta – Responde la joven, levantando los hombros.
- Por qué tu nombre es Yulij? Insiste Mei – Es nombre de hombre, no es así?
- No es mi nombre verdadero. Los Santos deben romper todos los lazos con la sociedad mundial, pudiendo incluso abandonar su nombre de familia. No sé si es el caso de Seiya, de Shun, de Hyôga... pero son pocos los Santos que usan el nombre que sus padres les dieron.
- Nosotros somos hermanos, hijos de un mismo padre, pero fuimos criados como huérfanos – La voz de Mei se vuelve seria – Desde el comienzo, no teníamos nada que perder. Mei y solo Mei, Seiya es Seiya, Shun es Shun, Hyôga es Hyôga...
- Es que ustedes son hijos de las estrellas. Filosofa Yulij – Yo uso nombre de hombre por cuestión de espíritu.
- Aquel parloteo de que una mujer que se vuelve Santo Femenino debe abandonar su feminidad? Mei vuelve a su tono sarcástico – Eres tan anticuada!
- Y tu un malcriado.
- Déjame adivinar: Tu nombre verdadero es Yulia.
- Además de malcriado, eres simplón. Haciéndome esas preguntas. Que es ese color de cabello? Está a la vista que es artificial! La raíz es negra!
- Ese cabello, si quieres saber... – Dice Mei, sonriendo – Es una prueba de respeto a mi maestro.
- Pero Yulij ya perdió la paciencia con el parloteo burlón de Mei. Juntando rápidamente las cosas sobre la mesa, la joven se levanta y desaparece por el fondo de la biblioteca.
- Yulij – Dice Mei, soltando un suspiro. Y susurra para sí mismo: - En japonés, ese es un nombre muy femenino...

Pocos textos hablan de la Gigantomaquia en los registros históricos del Santuario. En los libros oficiales, no hay una línea siquiera – Explica Nicole a Athena, mientras ella se acomoda en el trono de la Sala del Gran Papa.

- Eso ocurre porque la Gigantomaquia no fue una Guerra Santa.
- Sí, diosa. El hecho es que no tenemos informaciones concretas que puedan indicar el paradero de Typhon – Por esa razón, Nicole recolectó pistas de lugares relacionados a Typhon y se basó en poemas épicos y fábulas, enviando a los Santos a esos lugares en busca del dios de los Gigas – Muchas veces las leyendas traen la realidad escondida dentro de sí.
- En esta batalla, el tiempo no será nuestro aliado – Dice Athena.
- Tiene razón, diosa. A cada minuto que pasa, Typhon recupera más su real poder, volviéndose un enemigo cada vez más poderoso. La prioridad es localizarlo cuanto antes.
- Pero no estamos dejando el Santuario desprotegido? – Interrumpe Tatsumi.
- Por eso llamamos a un Santo más: Kiki ya retornó de Rozan.
- Nicole! – Athena está sorprendida.
- Él debe cumplir sus obligaciones de Santo – Responde Nicole, firmemente.

Los Doce Templos del Zodiaco son los recintos dorados de las constelaciones, la espina dorsal del Santuario. Los signos de Aries, Tauro, Géminis y así sucesivamente dan nombre a los templos en el camino que lleva al Templo de Athena, con los Santos que las protegen.

- Entonces fue aquí que ocurrió la Batalla de los Doce Templos... – Mei dejó hace poco la biblioteca en el interior del Santuario, y ahora sobre las escaleras de los Doce Templos.

El espacio de los templos está totalmente lleno por la protección de las estrellas. Ningún paranormal, por más poderoso que sea, consigue tele transportarse en las escaleras o el interior de los templos. La única forma posible de recorrer el camino es por las gradas que Mei sube en este instante.

Los Santos de Bronce, como Seiya, Shun y Hyôga, hermanos de Mei, lucharon aquí contra el mal oculto en el interior del Santuario, protegiendo a Saori Kido, la diosa Athena. Los detalles están registrados en la historia oficial, pero es importante tener en mente que las batallas de los Doce Templos fueron combates entre los Santos de Bronce y los de Oro durante la llamada revuelta de Saga.

“Trágico... Santos luchando entre sí”, piensa Mei, entristecido al recordar que muchos Santos perdieron su vida en esas confrontaciones. Él no participó de la lucha porque en esa época ya estaba sobre el dominio de Typhon, en el Monte Etna.

La noche está serena. Mei recorre el Templo de Géminis, que debería estar protegido por Saga, llegando entonces hasta el cuarto templo, el de Cáncer.

- Otro templo sin guardián – dice Mei para sí mismo.

El lugar, que debería estar brillante y blanco como la Vía Láctea, se encuentra pesado y turbio como ruinas abandonadas. Mei está sin palabras. De repente, se oyen pasos. El joven se voltea para atrás.

- Eres tú, Shiryû? – Pregunta, reconociendo inmediatamente al Santo, a pesar de que los dos no se encuentran en años.
- Quien es...? Este Cosmo...
- Soy yo, Mei.
- Mei! – Shiryû está realimente sorprendido.
- Tú fuiste a entrenar a Rozan en China! – Continúa Mei – Entonces esa es la famosa Cloth del Dragón, pulida por las aguas de la Cascada de Rozan.

La constelación de Shiryû es la del Dragón. Su traje sagrado está formado por placas de orichalcum, aglutinadas como escamas. La pieza del brazo derecho trae un pequeño escudo circular, símbolo de la propia Cloth. Shiryû es un joven apuesto, de rostro colorado, con apariencia de cierta forma opuesta a la truculencia del Dragón – Su cuerpo es fino y tiene largos cabellos negros en la altura de la cintura, recordando a un galante Wakamusha, como eran llamados los jóvenes samuráis.

- Fui convocado por el Gran Papa sustituto para proteger el Santuario – Explica Shiryû. - Tus ojos... – Dice Mei, cuidadosamente – No sabía... cuando ocurrió eso?

Los ojos de Shiryû están lastimados, el Santo ahora es ciego.

- Fue durante la batalla – Responde Shiryû – Cuando cumplíamos nuestra misión de Santos.

Es bueno explicar que la perdida de la visión no es algo debilitante para Shiryû. Los Santos de Athena dominan el Séptimo Sentido, la habilidad de “sentir” el Cosmo y la presencia de otras personas. Aunque sea prácticamente imposible explicarlo con palabras, el Séptimo Sentido supera a los cinco sentidos tradicionales y hasta el mismo sexto. Shiryû ni siquiera necesita de ayuda para subir las escaleras.

- Qué estabas haciendo aquí Mei? – Pregunta – Sin la visión, puedo sentir, aunque de forma limitada, los sentimientos de las personas. Parece que estabas sintiendo una tristeza profunda.
- Yo estaba pensando en mi maestro – Responde Mei, respirando profundamente y levantando la mirada al cielo – Fui entrenado en Sicilia. Mi maestro era el Santo de Oro que protegía este Templo.
- El Santo de Oro de Cáncer – Completa Shiryû, súbitamente adoptando una expresión severa.
- Pues eso, yo estaba conversando con él. Mi maestro se volvió estrellas, sabes? – Mei ríe e ironiza, mas la expresión de Shiryû permanece seria.

Anatólia: Península de Asia Menor, cercada por los mares Egeo, Negro y Mediterráneo. Palco de antiguas leyendas griegas. Hoy la mayor parte de su territorio pertenece a Turquía.

- Que lugar tan misterioso... – Comenta Shun para sí mismo. El joven de cabellos color de lino viste la Cloth de Andrómeda y sus cadenas.

Es de noche. Una especie de bosque de piedras cubre el inmenso valle. Son centenas, millones de rocas de los más diferentes tamaños, llegando a decenas de metros de altura, muchas en formato de gigantescos hongos. El paisaje fue esculpido por millones de años de actividad volcánica: Un lugar tan fantástico que no parece real. Shun brinca de una piedra a otra con suavidad, acompañado por la sombra de la luz de la luna pálida.

El Santo de Bronce de Andrómeda cumple ordenes del Gran Papa sustituto Nicole: Está en busca de la morada de Typhon. El Monte Arima, que está en esta región, fue citado en un poema épico y, como sabemos, las leyendas a veces traen la verdad escondida.

Es una corrida contra el tiempo. A cada minuto Typhon se torna más poderoso y temible. Por eso Nicole está tan compenetrado en esa búsqueda, enviando en misiones de investigación a Shun, Hyôga y hasta al mismo Seiya, que aún no está completamente recuperado. En este momento, el esfuerzo incluye a varios Santos esparcidos alrededor del mundo, como agentes secretos del Santuario.

“Si Typhon tiene el poder de controlar los volcanes...”, piensa Shun, observando la tenue humareda blanca que sale del Monte Arima, “...Qué ocurrirá con la Tierra si él recupera su verdadera fuerza?”

Sin duda sería el fin de la humanidad y de cualquier forma de vida en el planeta. Desde la erupción anormal del Etna, había señal de actividad volcánica allí y en diversas partes del mundo. Científicos alertaban por el riesgo de una nueva edad de hielo, o de la extinción en masa de las especies, como había ocurrido con los dinosaurios. Algunos fatalistas más apresados ya profesan el fin del mundo.

- No! No mientras Athena y los Santos estén aquí! Jamás lo permitiremos! – Shun reafirma su compromiso, cerrando su puño.

En ese momento las Cadenas de Andrómeda, dotadas de un increíble sentido de la defensa, asumen espontáneamente la formación de la nebulosa Zowah, alertas a la presencia de un Cosmo desconocido.

- Quién está ahí...? – Pregunta Shun en dirección del bosque de piedras. El joven percibe nítidamente un instinto agresivo y totalmente expuesto, como el de un tigre o un lobo, sin la menor preocupación de esconderse – Ah, ahí estás! – Shun lanza la cadena en dirección al brazo derecho, que forma un arco parecido a un bumerang y captura a alguien que se esconde detrás de una columna de piedra – Uno de los Gigas?

En la batalla de Sicilia, Agrios, la Fuerza Brutal; Thoas, el Relámpago Veloz; y el sumo sacerdote Enkelados, la Voz Sellada, se ofrecieron en sacrificio para Typhon. Y el Cosmo sentido por Shun no es el de Pallas, en teoría el único discípulo de Typhon que aún está suelto. Será que existen otros Gigas sobrevivientes? O será que Typhon resucitó otros Gigas después de la erupción del Etna?

Shun siente que su piel se eriza, como si una lámina afilada estuviese alisando la superficie de su cuerpo.

- Son dos...! Espera, son tres?

Las figuras cercan al joven como cazadores alrededor de una presa. La vida de Shun está en peligro. El ataque combinado de los tres Gigas sugiere que Typhon está ahí: Entre todos los Santos que buscan al dios maligno, Shun tuvo el boleto premiado.

Las sombras se aproximan aún más. Pueden ser monstruos legendarios o demonios mitológicos. Con certeza son enemigos, las siluetas emanan reflejos oscuros de las armaduras de Adamas. La Cadena Circular en el brazo izquierdo de Shun hace un zumbido, reaccionando a la presión de los Cosmos agresivos. El Santo llama de vuelta a su Cadena Triangular y la levanta al cielo, haciendo centellear polvo estelar.

- Athena! – Grita Shun, mientras su visión es completamente cubierta por las tres figuras de Adamas que avanzan sobre él.

- Nicole por qué llamó a Shiryû? – La voz limpia y aterciopelada de Athena se dirige al Gran Papa sustituto.
- Diosa, cuál es el problema en convocar a los Santos al Santuario en esta situación de emergencia?
- Sabes de lo que estoy hablando.
- Dice eso porque Shiryû está ciego?
- Shiryû había vuelto a Rozan y finalmente estaba comenzando una vida tranquila al lado de Shunrei, la hija adoptiva del antiguo maestro. Él se había retirado de los combates, estaba arando y cultivando la tierra, en la mayor serenidad...
- Athena, está sugiriendo que Shiryû no es más un guerrero? – Pregunta Nicole, respetuosamente.
- Shiryû sufrió demasiado en las batallas! Por mi culpa, por causa de mi flaqueza! Yo le arrebaté la visión a Shiryû. Qué más le voy a quitar? – Athena destapa sus sentimientos más profundos.
- Pero él no ha devuelto la Cloth – Dice Nicole después de algunos minutos de silencio – No conozco ningún hombre más sincero, esforzado y leal. Espero sinceramente que, en el futuro, alguien con la moral, la sabiduría y bravura de Shiryû asuma el papel central de los Santos comandando el Santuario – Continúa el maestro – Respeto y admiro la decisión de cualquier hombre que decide vivir humildemente para dedicarse a una mujer. Pero el destino de la constelación de Shiryû no acepta eso. Es más, el mismo no permitirá que eso ocurra. Shiryû será el Santo de Dragón hasta que el destino de la constelación sea cumplido.
- Si eso es verdad, la pobrecilla Shunrei sufrirá mucho – La voz de Athena está entristecida. No podemos olvidar de que ella lleva en si el alma de Saori Kido, y por lo tanto sufre con cuestiones humanas.
- Pido que acepte ese destino, diosa. La señora puede haber sido responsable de que Shiryû haya perdido la vista, pero, aunque él pierda sus brazos, piernas, la mujer que ama o su propia vida... aunque él pierda todo, Shiryû continuará imbatible en su convicción de morir luchando por Athena. Es necesario que respete sus sentimientos.
- Pero Mei y Shiryû... aquellos dos no se entienden...
- Los estrechos lazos de karma que unen a los dos también son parte del destino. Mientras ambos sean Guerreros Sagrados, no habrá manera de huir de ello. Es algo que ellos necesitan superar y yo tengo la certeza de que ambos lo conseguirán. Son verdaderos Santos.

En ese momento un objeto no identificado rompe el espacio, haciendo un ruido fuerte y repentino.

- Ay! – Sorprendido por el impacto, Tatsumi que estaba al borde de la Sala del Gran Papa, cae al suelo.

Nicole avanza en dirección al trono de Athena en una velocidad superior al sonido, protegiendo a la diosa con su cuerpo y su Cloth.

- Es la Cadena de Andrómeda... – Athena se levanta y corre para el centro de la sala. De hecho, encima del tapete central está la cadena, en verdad, apenas un pedazo de ella. El artefacto rompió el espacio para surgir en el Santuario.
- Será que algo le ocurrió a Shun...?
- Él fue enviado a Anatólia...al volcán Arima.
- Será que Typhon está allá?

La única certeza es la de que Shun está en peligro. Una situación tan grave que el no tuvo otra forma de avisar que valerse de la capacidad de la cadena de atravesar dimensiones.

Athena coge la cadena enviada por Shun, sobresaltándose inmediatamente.

- Este... este Cosmo?

Nicole también es capaz de sentir la energía maligna que preocupa a Athena.

En ese exacto momento, una estrella con cola plateada cae del cielo cubierto por las cenizas. Shiryû de Dragón siente que un Cosmo terriblemente violento invade el Santuario.

- Mei? – Dice el Santo ciego, volteándose para atrás. Pero el joven no está ahí. Sin esperar o avisar a Shiryû, Mei retorna por el camino de los Doce Templos Zodiacales, rumbo a la biblioteca, donde se encuentra con una imagen atemorizante.

Un ventarrón de papel. Las páginas de libro, ahora en fragmentos, se esparcen por el aire y por el suelo, en millones de pedazos. Yulij está tirada, inmóvil, en el suelo, con el vestido escarlata de la oficial auxiliar del Santuario. Quién podría imaginar que ella registraría su muerte con su propia sangre en el libro de historia que tiene en manos?

- Yulij!!!
- Quirri! – Una risa por detrás de los estantes de la biblioteca. La muerte, vestida tristemente con Adamas de cornelina oscura, había violado las redomas protectoras del Santuario.
- Pallas!!
- Humph... Es la marioneta de mi señor? – Responde el monstruo – El recipiente descartado aún vive? – El Giga Espíritu Estúpido provoca a Mei, pisando el cuerpo muerto de Yulij.
- Ahora, tú...!
- Quieres morir también? – Pregunta Pallas, levantando las garras teñidas de sangre y cabellos plateados de Yulij.

Las batallas de los Santos son libradas a un paso de la muerte. Por alcanzar la esencia de la destrucción, pudiendo hasta romper los mismos átomos, hay veces en que las disputas se deciden en un instante y de forma cruel. Este puede ser el futuro de cualquier Santo: Seriamente herido, sin Cloth, atacado por sorpresa por un enemigo cuyo poder se equipara al de los Guerreros de Athena – En este caso, un Giga poderoso. El Santo Femenino muerto no tiene la menor oportunidad: La protección de la estrella de Yulij se agotó.

Para Mei es la muerte de una compañera insustituible, con quien luchó lado a lado por Athena.

- Ese Cosmo maligno... es uno de los Gigas? – Pregunta Shiryû, entrando en la biblioteca.
- Quirri! Un mocoso de bronce más! – Desdeña Pallas.
- No estés cerca, Shiryu – Avisa Mei.
- Si estás preocupado por mi ceguera, puedes olvidarlo. El Santo de Dragón no es inferior a ningún otro!
- No es eso – replica Mei – Este enemigo es MIO!!! Fui yo quien rompió su sello.
- Ah, como debe ser frustrante... – Continúa Pallas – Quirrirri! Ustedes finalmente consiguen salvar a la niña y ella es asesinada así tan fácilmente. Corté su garganta con estas garras, arranqué sus cabellos y su máscara! Que felicidad!
- Quieto, animal! No voy a tolerar más ese tipo de cosas en las Tierras Sagradas del Santuario! – Shiryû es incapaz de contener su ira.
- Quirrirri! Van a anotar las acciones del gran Pallas en esos libros? – Pallas lanza por lo alto la máscara de Yulij, que escondía atrás de sí. La máscara cae al suelo y se quiebra por el medio.
- Tu nombre no va a existir en ningún lugar – Protesta Mei.
- Tienes razón. Todos los Santos insignificantes serán asesinados... No va a quedar ninguno para contar la historia.
- No confundas las cosas – La voz de Mei carga el peso del destino que le fue impuesto – Esta es la Gigantomaquia... no tiene sentido registrar esta batalla en la historia.

En ese momento, surge de la nada una caja con un traje sagrado, la Cloth de la constelación de Cabellera de Berenice, que atiende el llamado del Cosmo de Mei. Hasta el mismo Shiryû, privado del sentido de la vista, puede sentir la oscuridad de la urna con la imagen en relieve de una mujer de lado.

La tapa se abre y una urna se revela. En ella no hay luz, mas sombras que parecen jugar cual luminosidad. Surge una bella estatua de una mujer de lado, con largos cabellos, prueba de que el portador de la caja es un Guerrero Sagrado, capaz de dominar las fuerzas más poderosas del planeta.

Es la primera vez que Mei trae por libre y espontánea voluntad la Cloth de su constelación protectora. Cabeza, dorso, brazos, cadera, rodillas: La figura femenina de al estatua se divide en partes, se moldean y se fijan en el cuerpo del joven. El traje protege al Santo elegido por la constelación.

Esa es una Cloth de tiempos perdidos, que permaneció sellada por mucho tiempo. La primera cosa que llama la atención en ella son los grandes escudos negros de las hombreras, que recuerdan a las alas de un cuervo. Gracias a complejas conexiones que permiten cualquier movimiento, los escudos se funden a los dos protectores de los brazos sin perjudicar la movilidad del Santo.

El yelmo recuerda al mismo tiempo a los protectores usados por luchadores de box y un ornamento femenino. Las placas del pectoral, cadera y abdomen son leves y finas, y en las piernas la única protección son las rodilleras. Es una Cloth de curvas suaves, que presentan la imagen femenina que la originó, a pesar de ser intensamente negra.

- Mei, tu Cloth parece una nebulosa oscura, trayendo dentro de sí la materia que originó las estrellas – Comenta Shiryû. Él siente la explosión de Cosmo en el interior de Mei y la fuerza del traje negro que acumulad en sí toda la luz: El origen de la vida.

Una lámina corta el aire, soltando chispas, invisible mientras rompe la velocidad del sonido.

- Quirri...? – El Giga Espíritu Estúpido está boquiabierto. Siente que algo pasó por su cuerpo, mas no consigue identificar qué.
- Ustedes no dice que la lucha entre los Gigas y los humanos no necesitan motivos? – Provoca Mei – Entonces no necesitaremos palabras.

Para sorpresa de Pallas, Mei permanece en pie, inmóvil, con los dos brazos relajados, sin asumir ninguna posición de ataque o defensa. El Giga decide atacar al joven en su aparente vulnerabilidad, tomando impulso en el suelo de la biblioteca. Las hojas del libro histórico destruido vuelan por los aires, y la distancia entre los dos combatientes disminuye súbitamente. Los brazos extrañamente largos de Pallas se doblan como ramas de sauce y sus garras poderosas avanzan en dirección de la garganta del oponente. Pero el golpe mortífero corta apenas el aire.

- Quirri? – Una vez más, Pallas está confundido. El monstruo concentra su fuerza en su puño y levanta las garras, pero algo cae inesperadamente, como si fuese una bola mal lanzada. Era una mano, con garras: La mano del Giga, que se rehúsa a creerle a sus propios ojos – Mi brazo... Mi brazsoooooooooooooooooooooo!!!!

Una cantidad absurda de sangre chorrea de la muñeca cortada. Pallas siente vértigo, intensamente perturbado por la visión.

- No los percibiste, pero tu brazo fue cortado hace rato... – Dice Mei.
- C... cuándo? C... cómo? – Pregunta el Giga, saltando para atrás – Quirri? – Pallas se sobresalta, enderezando la columna. Pasa su mano izquierda por la nuca, lentamente, percibiendo ahora que hay sangre allí también. El monstruo investiga el espacio atrás de sí con las garras de la mano que le queda, oyendo un sonido agudo, parecido al de una cuerda de un instrumento musical.

Solo entonces percibe que está preso en una jaula de hilos finísimos, más finos que las cuerdas de un piano, estirados en todas las direcciones a su alrededor.

- Son hilos de orichalcum – Explica Mei.
- Quirri...? Cómo es eso? Todos esos hilos son parte de tu Cloth?

Sorprendentemente, la unión del antiguo orichalcum con el gammanium y polvo estelar asumen allí la espesura de un hilo de cabello, pero manteniendo su resistencia.

- Cada uno de esos hilos es una lámina afilada – Continúa Mei – No te muevas o tu cuello va a volar por los aires sin que lo percibas, así como tu brazo.

Con un leve movimiento de muñeca, Mei controla los hilos cortantes, que se lanzan a lo largo de la máscara de Adamas del Giga. Preso en una jaula de Orichalcum, Pallas no puede siquiera defenderse.

- Di el nombre de mi estrella – Ordena Mei, en el mismo instante en que los hilos cortantes estallan. Varias luminarias de la biblioteca se van apagando dejando aquella parte del recinto en la más completa oscuridad.
- Vas a aprovechar la oscuridad para huir? – Pregunta el Giga.
- Huir? – Mei suelta una risa burlona – Esos hilos son mis ojos y mis oídos. Ellos son recurridos por mi Cosmo.

Apenas Pallas está perdido en las tinieblas. Así como Mei, Shiryû no siente ninguna dificultad por causa de la falta de luz.

- Gyah! – un grito más de pallas en la oscuridad, seguido por el golpe seco de algo cayendo en el suelo – Aaaaiii!!!rayooooosss!! Mi otra mano! - Di el nombre de mi constelación! – insiste Mei.
- Tú eres... el Santo... de Cabellera... – El Giga gime de dolor.
- Mei, de Cabellera – Se declara Santo de Athena. Las vibraciones de los hilos de orichalcum entonan una canción: Una voluntad homicida, oscura y negra, envuelta por una profunda tristeza.
- Este es la orden de la muerte. Giga.
- LOST CHILDREN (Niños Perdidos)
- Quiiiiiiiiiiiiiii!! – Pallas grita, desesperado, como si quisiese rasgar la garganta con su voz.
- Que se haga pedazos – Mei presiona todos los hilos a la vez.

Pallas se cala en la oscuridad, con la voz bloqueada por la sangre que llena su garganta. Mei se prepara para el golpe final, pero Shiryû detiene su mano.

- Por qué? – Pregunta Mei.
- Si no lo impidiese... lo habrías matado – Dice Shiryû – Mei, lo que yo siento viéndote es un instinto asesino que no se satisfacería ni aunque cortase al enemigo en pedazos.
- Yulij... fue muerta así. Fue así como ese tipo la mató – Se justifica Mei.
- No importa. Ese es un acto inaceptable para un Santo. La venganza no está en la voluntad de Athena. Además de eso, necesitamos hacer algunas preguntas a ese Giga.

Pallas está ahora sin los dos brazos, separados completamente de su cuerpo. El Giga Espíritu Estúpido se agitaba como una gallina a la espera del sacrificio.

- Entonces, Giga, dónde está tu dios, Typhon? – Pregunta Shiryû.
- Quirri. Quirri!
- De que te estás riendo?
- Cuando nuestro señor alcance su verdadero poder, ni la misma Athena será capaz de detenerlo, mucho menos los Santos – Pallas habla con dificultad, soltando bolas de sangre por la boca – Al final, delante del verdadero poder de él, hasta el mismo Zeus, el mayor de los dioses del Olimpo, huyó!!
- Cuál es el objetivo de Typhon? Su verdadera fuerza? Si quiere dominar la Tierra, por qué provoca erupciones que pueden destruirla?
- Los pensamientos de él están mucho más allá de los humanos... encima hasta de nosotros mismos, los Gigas.
- Por qué los Gigas le rinden culto y siguen a un dios como ese? – Continúa Shiryû – Un dios que domina con el terror! Una fe que no ofrece paz de espíritu!
- El terror es la fuente de nuestra fuerza – Responde Pallas – Los Santos, en su insignificancia, serán todos muertos. Nuestro señor tiene hijos. Los Gigas hijos de dios están entre nosotros. Viejos Gigas, como yo, ya no son necesarios... alabado seas, Typhon... – Son las últimas palabras del monstruo. Su cuerpo se sublima en ese momento junto con su armadura de Adamas, desapareciendo completamente de un momento a otro.
- Que fue eso? – Shiryû engulle en seco.
- Ese es el “temor” de Typhon – Explica Mei – Aquel que pronuncia el nombre del dios que rinde culto se le arrancara la lengua y perderá el habla.
Quien escuche su nombre llamado por su dios vertirá sangre por los oídos y enloquecerá. Esa es la creencia de los Gigas.
- Ustedes dos! Están bien? – Las luces se encienden con la entrada de Nicole en la biblioteca – Yulij! – El oficial mayor está horrorizado delante de la tragedia – Es el Giga Pallas, el Espíritu Estúpido... – Susurra.
- Pallas se suicidó pronunciando el nombre de Typhon – Dice Mei – Era el último de los Gigas cuyos sellos rompí.

El joven aún está sorprendido con sus habilidades de Santo. Siente que el traje está enseñando a manipularlo. El movía el cuerpo guiado por la Cloth. En sus manos, los hilos cortantes son como parte de su cuerpo.

- Tengo noticias de Typhon – La voz de Nicole interrumpe los pensamientos de Mei.
- El señor descubrió alguna cosa? – El joven levanta el rostro en la dirección del oficial mayor, que responde con una voz pesarosa.
- Shun...


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