Saint Seiya CDZ. Caballeros del zodiaco
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Gigantomachia

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Portada del Volúmen 2 de Gigantomachia

Volúmen 2: Chi no Sho (Capítulo de Sangre)


Chronos

En el lago subterráneo bajo el Volcán Arima, Seiya de Pegaso y Chimaira, la Bestia Pluriforme, se encaran frente a frente.

- Tu eres hijo de Typhon! - Voy a devorarte! – Proclama el “Caballero Andante” de los Gigas, equipado con una espada de serpiente venenosa, el escudo de cabra y el Adamas de rubí estrella del color de las tinieblas.
- Ustedes, Gigas, son muy vulgares, sabías? – Seiya, a su vez, está completamente desarmado. Los Guerreros de Athena luchan solamente con el cuerpo, pero eso no significa que no sepan usar armas. Necesitan saberlo, ya que sus enemigos no siguen ninguna prohibición en ese sentido. Así, aunque lo primordial es el cuerpo, el entrenamiento de los Santos incluye el combate contra oponentes armados.

Las articulaciones de la pesada armadura de Adamas del Giga crujen con sus gestos. Para Seiya, dotado de la agilidad de un caballo que recorre los cielos, los movimientos del monstruo son torpes como los de un títere mal dirigido.

- Tu armadura parece pesada – Provoca el joven – Crees que un lerdo como tu sería capaz de golpear a Pegaso?

En ese instante, Chimaira lanza un ataque cortante en dirección a Seiya, un golpe pesado y duro, pero sorprendentemente rápido, como una ráfaga de viento. El Santo siente escalofríos en la espína dorsal al esquivar por un pelo la trayectoria de la lámina, retrocediendo hasta una roca plantada en medio del lago subterráneo. Agitando la enorme espada en movimientos circulares solamente con la mano derecha, el Giga se aproxima a Seiya, paso a paso, con un andar torpe, pero preciso.

- Qué es esa espada? – Se pregunta Seiya. La espada de serpiente en la mano de la Bestia Pluriforme tiene el filo dentado como el de un serrucho. - Recibe la ardiente lámina asesina – Anuncia Chimaira, mientras la serpiente venenosa traza un arco flameante, emanando un calor infernal – ANTHRAX!! (Ántrax)

Alcanzado por el golpe incendiario, Seiya es lanzado nuevamente hacia el lago subterráneo, donde un rastro de vapor de agua marca la trayectoria de la espada de Chimaria. El Santo se levanta, después de tragar un poco de agua. A pesar de se amplio, el lago es poco profundo: Incluso en las áreas más profundas, el agua no llega a la cintura de Seiya.

- No puedo creerlo... la Cloth! – grita el Santo, perplejo.

La parte más poderosa del Traje Sagrado, el pectoral, presenta marcas profundas de lámina dentada, descendiendo desde el hombro izquierdo. Si Seiya hubiera estado un paso al frente, si corazón hubiera sido alcanzado por las llamas.

Chimaira camina dentro del lago, lanzando otro golpe de la enorme lámina contra Seiya, haciendo su Adamas crujir y generando una inmensa columna de agua. El Santo no tiene más opción que retroceder lo máximo posible ante la impetuosidad de las explosiones. “El momento en que él inicia el ataque es extraño”, piensa Seiya. “Es imposible calcular o contraatacar!”

De hecho, parece haber una extraña variación dentro de cada ataque de Chimaira: el movimiento de su brazo, el paso que da para el impulso, la velocidad de la espada y su trayectoria no parecen pertenecer al mismo ataque, tardío, precipitado. Todo eso confunde a Seiya.

“Es como... si no fuesen movimientos humanos!”, concluye el joven, antes de contraatacar:

- PEGASUS RYÛSEI KEN!! (Puño Meteoro de Pegaso)

Pero su esfuerzo es inútil. Centenas de meteoros que superan la velocidad del sonido son nuevamente repelidos, sin ninguna excepción, por el escudo de cabra.

- A dónde estás mirando? Se te hace tan gracioso jugar a lanzar el agua a lo alto? – Ironiza el Giga, en medio de los chorros de agua resultantes del impacto del golpe en el lago. Seiya se aprovecha de la cortina de agua que bloquea la visión de Chimaira y se posiciona atrás del monstruo.
- Seguro: PEGASUS ROLLING CRASH!! (Choque Giratorio de Pegaso) – Seiya da un salto rápido, apoyándose en el cuerpo del Giga, pero el contacto hace que grite de dolor: Sus manos, sus brazos y su pecho parecen haber tocado brasas. Los dedos le arden dolorosamente: están quemados. Al mismo tiempo, el agua alrededor de Chimaira comienza a evaporarse.
- Esta armadura ardiente trae consigo la llama de las estrellas – Explica el Giga, con una sonrisa maligna.
- Entonces es ese el poder del Giga hijo del dios...- Seiya está pálido de sorpresa y miedo, la reacción natural de su instinto de guerrero. El monstruo era como una fuente de calor intenso, que de a pocos va calentando todo el lago, a pesar del gigantesco volumen del agua. El Cosmo de la fiera que combina con varias otras en sí, parece ilimitado.
- Voy a devorarte! – Con eso la espada de Chimaira brilla en llamas luminosas - ANTHRAX!! (Ántrax)

El ataque acierta en el Santo apenas raspándolo, cortando el agua del lago subterráneo, que se evapora completamente. Todo el ambiente está cubierto por un calor húmedo, como el de un sauna.

- No sabes reconocer el momento adecuado para morir – Dice Chimaira.
- La punta de la lámina solo rozó en mí... pero parece que me quemó todos los nervios... – Seiya contrayendo de dolor. Fue alcanzado en las piernas por la espada. Su forma de serrucho es aún más terrible que el corte de una lámina afilada: la carne, rasgada, no puede ser suturada y la hemorragia cuesta el pararse.

Cubierto por el vapor blanquecino del agua. Chimaira mira a Seiya con desprecio. Tiene ojos de león, en el escudo una imagen de una cabra demoníaca en la mano izquierda y la espada que parece una serpiente venenosa en la derecha.

- Terminemos aquí, Pegaso... Sin las piernas que tanto te enorgullecían, no podrás esquivar el próximo ataque. Y ahora que recuerdo, existen otros Santos en este Templo, no puede perder más tiempo contigo – Declara el Giga – Acepta ser devorado en silencio. Voy a comerme tu Cosmo. - Nosotros, los Santos de Athena, vamos a derrotar a Typhon y proteger la paz en la tierra – Insiste Seiya, en medio de gemidos de dolor – Yo siempre superé a mis enemigos con estas alas de Pegaso!

Seiya se levanta usando toda su fuerza, inflando al máximo su Cosmo. Su estilo de combate es uno de los más ortodoxos entre los Guerreros Sagrados. Se compone básicamente de puñetazos, patadas eventuales nagues – las técnicas de protección. Es importante recordar que las técnicas de lucha de los Santos no tienen relación directa con la fuerza física. Ellas se definen con base al Cosmo: es por eso que la complexión física de Seiya, pequeña para un guerrero, no representa ninguna desventaja delante de los poderosos y altivos Gigas.

Además de eso, la Cloth de la constelación de Pegaso es una protección fenomenal, que acompaña hasta el límite el movimiento agilísimo de Seiya. A pesar de envolver al Santo como una roca, ella no impone la menor restricción en sus movimientos.

- Enciéndete, mi Cosmo! Enciéndete mientras tenga alma! – Provoca Seiya.
- En el próximo golpe, entonces, devoraré tu alma – Responde el Giga.
- Ahora es el momento de volar, Pegaso!!
- ANTHRAX!! (Ántrax) – La reacción de Chimaira es rápida pero a la vez, la serpiente flameante muestra sus dientes desalineados. Seiya escapa del golpe con un salto.
- Yo no voy a perder!! – Grita el joven.

El caballo celestial relincha, envolviéndose en un aura azulada. Es el sonido del Cosmo de Seiya siendo elevado al máximo.

- PEGASUS SUISEI KEN!! (Puño Cometa de Pegaso) – El ataque del cometa, un manojo de centenas de meteoros, hace temblar a lo largo del subterráneo. El rubí estrella pierde su brillo oscuro, volviéndose una piedra opaca, sin el fulgor de las estrellas. Se despedaza el escudo de cabra, la máscara de león, el Adamas noble. Chimaira, la Bestia Pluriforme cae con un estruendo sobre el lago subterráneo.

Habiendo agotado todas sus fuerzas en el ataque, Seiya se deja desplomar sobre el agua. Al levantarse, mira de reojo al Giga, aún vestido con el Adamas, que ahora parece un traje muerto.

- Qué es eso? – El Santo no sabe que decir. El interior de la armadura en el fondo del lago transparente está vacío y ya no emite calor alguno. El Cosmo que parecía infinito desapareció junto con las llamaradas.

Dominado por una inseguridad indescriptible, Seiya tambalea para atrás y se sienta en las rocas al margen, agotando definitivamente sus energías.

- Entonces el Giga hijo del dios es solo eso? – Se pregunta el Santo. Seiya intenta entonces escalar el peñasco pero el ataque del Cometa desgastó demasiado el Cosmo. Las piernas rasgadas no obedecen y él acaba rodando hacia abajo.

2

Ahora hay una improbable capa de nieve en las profundidades del Volcán Arima y sus paredes están completamente cubiertas de Hielo.

- Esta energía...! Cisne, tú usas las técnicas de hielo – Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo, parece estar sonriendo bajo su mascara.
- Si esa Cloth recibió la protección de la Sangre de Athena, eso explica por que ella repele la Redoma de Flegra.
- No soy de hablar mucho – Dice Hyôga
- Pequeño insecto. Por lo menos llora fuerte cuando deje tu cuerpo destrozado.

Orthos toma impulso. Sus pies se hunden en el duro suelo, dejando pisadas visibles. El Giga lanza un ataque rastrero, pesado y rápido como una bala de cañón, dejando en dedazos una columna de piedra de cinco metros de diámetro. Esa es la fuerza de los Gigas, que se equipara y puede hasta superar al de los Guerreros Sagrados que dominan las técnicas de lucha de Athena.

- El poder de destrucción es intenso... – Desviando su cuerpo con un movimiento fluido de los pies, Hyôga se coloca en un ángulo muerto del punto de vista de Orthos
- Pero, de esa manera torpe, no será problema para el Cisne.

El limitado espacio helado es el campo de batalla de Hyôga. Cuando su Cosmo se eleva muy por encima de lo normal, el ataque del Santo destruye y, en ciertos casos, paraliza el movimiento de los átomos. Esa es la técnica de lucha del hielo.

- DIAMOND DUST!! (Polvo de Diamante) – Sus brazos diseñan un cristal, congelando el Adamas del Giga y cubriendo con una helada blanca el brillo del Zafiro Estrella.

Hyôga mira con desprecio a Orthos, ahora un bloque de hielo al lado de los restos de la columna de roca, antes de investiga en un terreno mayo, en busca de sus compañeros. Pero es muy difícil captar el Cosmo de sus compañeros, tal vez por estar en la Tierra Sagrada de los Gigas, saturada con la hostilidad de Typhon.

- No consigo sentir bien el Cosmo de Seiya y Shiryû – Dice Hyôga para sí – No sé exactamente dónde, pero siento que los dos están por aquí... Estoy preocupado por Mei y Shun.
- Estás tan tranquilo que te preocupas por otros? – Dice la voz de Orthos. El hielo de rompe con un ruido agudo de cristal astillándose – Con ese nivel de frío, tú no conseguirás congelar ni la primera capa de mi piel protegida por el noble Adamas – gruñe el Maléfico Can Bicéfalo.
- Apuesto que esa armadura esconde una densa capa de manteca – Responde Hyôga, en tono de escarnio.
- Voy a hacer que te arrepientas de esa ofensa, Cisne!!

En ese momento, densas tinieblas cercan a los oponentes. La caverna subterránea pierde su sutil luminosidad.

- El Campo de Flegra es inútil, cuando estás bajo la protección de la Sangre de Athena – Explica Orthos, completamente invisible en la oscuridad. No hay señal de su brillante armadura, cuyas gemas cambian de tonalidad de acuerdo con la frecuencia de luz que incide sobre ellas. En otras palabras, el negro es absoluto.

Hyôga está alerta, pero aun así no consigue impedir que su espalda sea alcanzada por un objeto volador que le causa un dolor terrible. Lanzado al aire y rodando por el suelo, el Santo se agacha instintivamente atrás de una roca. Y entonces es alcanzado nuevamente, antes que se consiga reincorporar. Es posible oír el sonido del Traje Sagrado siendo limado por la fricción.

- SAPPHEIROS ENEDRA!! (Trampa de Zafiro) – La voz de la fiera maligna hace eco varias veces, ocultando la localización del Giga.

Hyôga está perturbado. ¿Cómo consigue Orthos precisar su localización en aquella oscuridad?

- Estamos en el Templo de los Gigas! – Es el propio monstruo el que explica – Aquí yo puedo sentir dónde exactamente estás, Cisne, mientras tú no divises absolutamente nada! Tiembla ante los colmillos de las tinieblas!

Sin la menos señal de un Cosmo, dentadas invisibles penetran profundamente la carne de Hyôga. Orthos suelta una risa provocadora.

“Es como ser mordido por un animal salvaje”, piensa el joven: “Entonces el monstruo bicéfalo de la mitología existe en el mundo real?” Incapaz de determinar la posición del enemigo, Hyôga se siente perdido en un torbellino de confusiones. “Cálmate”, piensa. “El maestro me enseñó a permanecer calmado en momentos así, durante el combate. Es necesario ser frío como las planicies heladas de Siberia”

- Tiembla en la oscuridad, Cisne! Este es el temor! – La voz de Orthos está llena de sarcasmo. Él ataca nuevamente – SAPPHEIROS ENEDRA!! (Trampa de Zafiro)

Los dos colmillos coinciden contra algo en las tinieblas. En poco tiempo aquel extraño brillo retorna a la caverna. Hyôga divisa ahora a las dos fieras caídas cerca de sí. Tenían un brillo oscuro de Zafiro Estrella: Eran las piezas en forma de canes malignos que se apoyan sobre los hombros del Adamas. Antes, el Santo creía que su adversario se imponía por la fuerza, atacando por contacto físico, pero en ese momento tenia claro que él manipula a esos “canes” a través de la psicocinesis. Así, puede atacar a lo lejos, una habilidad perfecta para la oscuridad.

- Orthos... veo que posees la capacidad de mover objetos con el pensamiento – Dice Hyôga.

Las piezas de canes malignos están atrapadas en el suelo por círculos de hielo. Ni la misma cinesis de Orthos consigue mover a sus dos cabezas congeladas.
- Es el KOL´TSO (Círculo de Hielo), Círculo de Hielo – Explica Hyôga – Coloqué correas en tus canes de guardia.
- Pero cómo descubriste la posición de ellos en esta oscuridad?

Hyôga agita los brazos, que centellean en cortinas de hielo, envueltas en finísimas membranas de energía helada.

- Pensabas que vencerías a un Santo limitando su visión? – Hyôga necesitó apenas el sutil sonido de las cortinas de hielo quebrándose para localizar y capturar a los dos canes malignos. Entrenado en Siberia Oriental, cuyo invierno es un mundo prácticamente sin sol, el Santo del Cisne fue instruido por su maestro Camus, a luchar en las tinieblas.

Hyôga avanza, colocándose a un paso de Orthos.

- Recibe el mayo ataque del Cisne!! – En una fracción de segundo el puño derecho de Hyôga genera una onda circular de frío – KHOLODNYJ SMERCH!! (Chorro de Agua Glacial)

El ataque arranca el yelmo de Adamas y un huracán helado levanta alto el cuerpo pesadísimo de Orthos, alcanzándolo con fuerza contra el techo de la caverna, al mismo tiempo en que forma una columna de hielo con más de diez metros de altura.

- Quédate ahí para siempre – Dice Hyôga, antes de darle la espalda al Giga congelado.

Pero un estruendo hace que el Santo del Cisne voltee de nuevo rápidamente. El cuerpo de Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo, rompe la columna de hielo, cayendo al suelo.

- Él no tiene rostro?

Delante de los ojos incrédulos de Hyôga, bajo el yelmo arrancado por el Kholodnyj Smerch, no había cabeza. Era un Giga acéfalo.

- No... ese no es un Giga!

Gritando como una fiera, Orthos coloca sus brazos en el suelo, posicionando sus cuatro extremidades en contacto con la tierra. En el espacio vacío dejado por las hombreras, dos cabezas de can surgen como si la armadura fuese el caparazón de una tortuga.

Ni el mismo Hyôga consigue esconder el espanto delante de la visión horrorosa.

- Pero esto es...

El monstruo de la mitología, exactamente como era descrito.

Delante de él, está un can de dos cabezas, exhalando maldad, cubierto por una armadura de Adamas. Su porte es el de un oso gigantesco. Pasando de bípedo a cuadrúpedo, Orthos alcanza a Hyôga con una velocidad incomparablemente mayor al del ataque anterior. Las dos cabezas malignas muerden los brazos de Hyôga, con Cloth y todo. No sueltan la presa, actúan como canes entrenados. Orthos ahora es una fiera desprovista de razón.

- Tú no eres... nunca fuiste... un Giga hijo del dios! – A pesar del dolor, Hyôga consigue liberar los brazos de los colmillos de los canes malignos.

Como una fiera enloquecida, Orthos lame placenteramente la sangre de Hyôga alrededor de sus colmillos.

- Eres un monstruo disforme creado por una jugarreta horrorosa de Typhon – Dice el Santo herido, juntando sus manos a su frente y levantándolas, con la fuerza que le queda, los brazos dilacerados.

El “KI” helado llena el aire.

Reaccionando al cambio, Orthos avanza nuevamente hacia Hyôga.

Al descender los brazos que había colocado sobre la cabeza, Hyôga lanza el Cosmo acumulado dentro de sí, imposible de ser detenido y explosivo, la más poderosa de las técnicas de combate de hielo – La técnica que el Santo heredó de su maestro, Camus.

- AURORA EXCUTION (Ejecución de Aurora)

En el mismo instante todo se congela. El frío infinitamente próximo al cero absoluto apaga el brillo del Zafiro Estrella del color de las tinieblas. El Adamas pierde su energía mística y ahora no pasa de una armadura exageradamente pesada. Hasta la voz del monstruo demoníaco, una mezcla de lágrimas y rugidos, se congela instantáneamente.

Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo es reducido a astillas de hielo y se desmorona en pedazos.

Pero el precio de la victoria es alto. Después de convertir toda su energía vital en frío y el transformar la caverna en una gruta de hielo, el guerrero silencioso cae en sueño.

3

- ROZAN SHÔ RYÛ HA!! (Supremacía del Dragón Ascendente de Rozan)

Canalizando todas las fuerzas del cuerpo, el ataque del Santo de Dragón alcanza con todo a Ladon, el Dragón de Cien Cabezas y lo lanza contra una columna de piedra de la caverna.

- Huye, Mei! – Dice nuevamente Shiryû a su hermano.
- No mueras, Shiryû.
- Yo iré después. Lo prometo.

Aceptando con la cabeza, Mei sale por una gran salida con rocas puntiagudas – la cavidad bucal de una fiera colosal – rumbo a un corredor que lo lleva aún más profundo, en las entrañas de la Tierra.

Shiryû concentra su Cosmo hasta no oír más los pasos de Mei, conduciéndolo enseguida en la dirección del enemigo. Varios pedazos de columna de roca, tan grandes que serían necesarios dos brazos para envolverlos, son destruidos, reducidos a polvo y se suman como partículas por el aire.

- Qué...?! – Delante del sonido inusitado de las piedras siendo trituradas, el Santo Ciego asume posición de defensa.
- Tú eres el Santo de Dragón...
- Por qué hablas como si me conocieras?
- Porque la conozco desde cuando las estrellas nacieron en este Universo – Responde el monstruo, revelando su cuerpo tenebroso. Su Adamas con nebulosas de estrellas multicolores emite el de brillo de ópalo del color de las tinieblas – Mi nombre es Ladon, el Dragón de Cien Cabezas.
- Qué...? – Shiryû retrocede, vacilante – Nunca enfrenté a un enemigo con un Cosmo tan poderoso, tan avasallador! Y no es solo eso...
- Yo también siento tu Cosmo, Shiryû.
- Tu Cosmo es igual al mío... – Balbucea Shiryû, perturbado delante de las sensaciones provocadas por la presencia de Ladon. El Cosmo del monstruo tiene el mismo tono, la misma resonancia del suyo.
- Yo la conozco. Conozco la estrella de tú destino – afirma Ladon.
- Mi estrella...?
- La Estrella Celestial del Dragón.

Al oír esas palabras, Shiryû recuerda una antigua fábula. Ladon es el nombre del monstruo de la mitología griega, el Dragón que nunca duerme, guardián de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, situado en el umbral entre el día y la noche.

- Según las leyendas... – Dice Shiryû para sí – Ladon fue elevado a los cielos...
- Pero cómo es posible? – reacciona el joven, perplejo – Entonces estamos protegidos por la misma constelación?
- Los humanos divisan las estrellas de los humanos – Explica el monstruo – Los Gigas divisan las estrellas de los Gigas. Tú y yo tenemos los mismos destinos estelares, pero bajo la protección de dioses diferentes. Somos, por tanto, enemigos naturales... inevitablemente obligados por el destino a enfrentarnos. Por eso deje que Mei se vaya. Aquel humano frágil que fue marioneta de mi padre ya fue derrotado por mí. Él está ciertamente herido, es un inútil agonizante. Jamás conseguirá llegar al punto más profundo de este Templo subterráneo, la transición entre Gaia y el tártaro.
- Estás diciendo que entonces dejaste a Mei huir?

A pesar de ser alcanzado por el Rozan Shô Ryû Ha, el Cosmo de Ladon se eleva aun más.

- Dime, Santo de Dragón. Por lo que estoy viendo, tú no puedes ver. Athena es vil al punto de otorgar un Traje Sagrado a guerreros en esas condiciones?
- Sé que me subestimas por no poder ver, está bien. Pero no admito que ofendas a Athena! Si mi alternativa fuera temblar frente a la ceguera y abandonar mi orgullo de guerrero, prefiero mil veces una muerte digna!
- Silencio, humano. Inteligencia al servicio de artimañas rastreras, raza forjada en la mentira y la falsedad. La guerra entre los Gigas y los humanos no necesita razones – proclama Ladon – La batalla entre los dioses, dotados de la Gran Voluntad, es una guerra absoluta, en busca de la única verdad que existe en el universo. Y, Shiryû, basta un guerrero para cumplir el destino de nuestra constelación.
- Tú y yo nacimos bajo la misma estrella...
- Tú, Shiryû, Santo de Dragón.
- Y tú, Ladon, el Giga con el nombre del Dragón.
- Vas a morir. No necesitamos de motivos. Tu existencia es desagradable.

Pero Shiryû no se deja derrotar tan fácilmente. Gracias al Traje Sagrado bajo la protección de la Sangre de Athena, el Santo es capaz de romper el “temor” del dios de los Gigas, convirtiendo su lealtad a la diosa en fuerza.

- Quienes deben morir son dioses malignos como Typhon, que bloquea al mundo con cenizas. Yo, Shiryû, voy a inflamar mi alma para luchar por Athena y por la paz en la Tierra.
- Vas a morir – Insiste Ladon, Poniendo los pies en la tierra – Y yo voy a devorarte!

El brazo derecho de Adamas, representando la cabeza del Dragón maligno. Suelta un rayo de luz que atraviesa la caverna. Se escucha el sonido de algo resonando, seguido por el estruendo del desmoronamiento de la pared atrás de Shiryû. La onda de choque, idéntica a la que atravesó a Nicole, fue desviada por el Santo de Dragón.

- Ese escudo... – Ladon observa el escudo que repele el mal.
- Dice que la Gran Cascada de Rozan está formada por polvo de estrellas de la Vía Láctea que cayó del cielo – describe Shiryû – El Traje Sagrado de Dragón permaneció en reposo en el lecho de esa cascada, bañado por el peso aplastante de las aguas de galaxias, desde los tiempos inmemoriales. Por eso el escudo de la Constelación es el más resistente de los escudos.
- No me digas... Un escudo de Dragón.

Sin más, Shiryû ataca, haciendo de su propio cuerpo su arma.

- ROZAN RYÛ HI SHÔ!!! (Dragón Volador de Rozan)

Pero el gigantesco Cosmo de Ladon repele al Santo, golpeándolo contra el suelo.

- Recibí este poder, este cuerpo, de mi padre. Un ordinario humano como tú, jamás podrá tocarlo – Ladon mira a Shiryû con desprecio.
- Un simple movimiento de defensa... – Dice Shiryû – Por el dolor parece que todos los huesos de mi cuerpo están quebrados... Que Cosmo asombroso tiene ese Giga!
- No en tanto, parece que necesitaré de algún esfuerzo para romper la defensa de ese escudo de Dragón.

Shiryû salta hacia atrás, procurando establecer una buena posición de lucha.

- Tienes miedo de mí? Pues tu alma será devorada apenas te pongas delante de mi señor. Será mejor para ti morir aquí mismo.

Shiryû siente el Cosmo de Ladon expandirse continuamente, en todas las direcciones.

- Sé envuelto por la destrucción!! – Grita el monstruo.
- POLIORKIA!! (Asedio)

Una declamación de destrucción, auto-suficiente, desprovista incluso de la intención de matar. Una visión poderosa invade el mundo sin luz de Shiryû. Nada importa ahí adelante: El escudo, el Traje Sagrado, ninguna defensa que conozca, ninguna defensa conocida. Imágenes de las tinieblas.

- Una pesadilla... este es mi futuro...? – Piensa el Santo.

Un Dragón tenebroso, en forma de un pez abismal, devora el espíritu Shiryû, quien suelta un grito horrorizado.

- Será que fue demasiada maldad aplicar una ilusión en la mente de un ciego? – Pregunta Ladon a Shiryû, quien permanecía paralizado – Humph. Enloqueció al ver el futuro en el cual es devorado. Cómo es frágil la conciencia humana. No debe estar oyendo más mi voz. Pues bien! Ahora es el turno de darle un fin a su cuerpo y a su Cloth.

Ladon lanza una onda de choque igual a la que había atravesado el corazón de Nicole, pero Shiryû consigue bloquear el ataque con su escudo.

- Shiryû, aún tiene fuerzas para mover los brazos después de tener el espíritu destrozado por el dragón maligno del Poliorkia?
- Ladon... tú dices que los humanos son frágiles. Es verdad. El cuerpo es débil y el espíritu más aún. Pero las personas pueden volverse más fuertes a través de otros. Pueden luchar por los amigos, por aquellos en quienes creen.
- Je, je, je – el monstruo se ríe de las palabras del Santo.
- Ese sentimiento humano es mucho más fuerte que ustedes, Gigas, que solo se limitan a obedecer al temor de Typhon!

Con eso, Shiryû se quita la Cloth de su constelación, despidiéndose de su propio Traje Sagrado.

- Sin duda enloqueciste bajo el efecto de las ilusiones del Poliorkia – Concluye Ladon.
- Ahora que sé que tu ataque alcanza el espíritu, el traje es innecesario – declaro el Santo.

Un dragón aparece en la espalda de Shiryû en el momento en que se quita la Cloth.

- Un tatuaje...?

No es un tatuaje. El dragón ascendente surge en la espalda de Shiryû cuando el Cosmo de su alma alcanza su punto culminante.

- El dragón siempre derrota a su enemigo – afirma el joven – Aunque para eso mi alma tenga que quemarse hasta el fin.

Su energía vital se vuelve flameante. Apenas los verdaderos dragones son envueltos en ella.

- Antes de eso... esta vez, voy a devorar tu alma. Voy a extinguirla!!
- Quién va a ser extinto eres tú, Ladon, tú, dragón maligno!!

El dragón ascendente adopta como morada el puño de Shiryû, cuyo Cosmo alcanza el límite máximo.

- Destrúyete... POLIORKIA!! (Asedio)
- ROZAN SHÔ RYÛ HA!!! (Supremacía del Dragón Ascendente de Rozan)

Shiryû no puede ver, pero percibe que el Cosmo del Giga Dragón de Cien Cabezas, que se mostraba tan poderoso, desaparece en aquel momento.

- Yo... derroté... a Ladon... – El Santo Ciego se arrodilla, agotado. Fue casi un milagro que haya conseguido lanzar el último Rozan Shô Ryû Ha – Fue Athena que me dio fuerza... mis amigos, mis hermanos...

Con eso el cuerpo de Shiryû cae hacia el frente. Antes de perder la conciencia, se preocupa por el Cosmo de sus compañeros, sintiendo, aunque débilmente, el Cosmo de Seiya y Hyôga. Más al fondo, en las profundidades, consigue sentir el Cosmo de Shun.

- Dónde estás, Mei...? – Las palabras de Shiryû suenan como las de una persona en delirio. Por más que lo intente, no consigue sentir el Cosmo de Mei – Por qué no consigo sentir dónde está el Cosmo de mi hermano... sangre de mi sangre? Mei...

Shiryû usa sus últimas fuerzas para estirar el brazo. La tentativa de buscar a su hermano, pierde los sentidos y cae por allí, echado de brazos.

- Seiya!!

La voz de Mei trata de hacer que Seiya de Pegaso recupere un poco la conciencia. Su visión esta nublada, no consigue enfocar nada. Tal vez su cerebro lo estaba anestesiando. Siente mal las piernas, destrozadas por la espada de Chimaira, la Bestia Pluriforme.

- Tus piernas... luchaste con un Giga hijo del dios, no es así?
- Ah, fue fácil.
- Je, je. Si consigues exultar así, entonces estoy seguro – Dice Mei
- Si no hubieres hecho la locura de invadir solo el escondite de Typhon...
- Está bien, fue falla mía.
- Sin ti y tu Cloth, Typhon...
- Entonces el oficial mayor ya te contó... – Mei hace una pausa antes de continuar – Nicole murió.
- Qué?
- Mi obligación de Santo es cumplir la misión no concluida de él. Me gustaría cuidar de ti, pero necesito ir donde está Typhon.
- Ve. No te preocupes por mí.

Mei deja a Seiya con cuidado en el suelo, se levanta y corre sin mirar atrás.

Aún entorpecido, prácticamente inconsciente. Seiya intenta captar el Cosmo de Mei, sin éxito. Solo consigue sentir, levemente, el Cosmo de Shiryû, Hyôga y Shun.

- Por qué, Mei? Acabas de pasar por aquí y no hay señal de tu Cosmo.

Seiya intenta llamarlo, pero no tiene más fuerzas para decir el nombre de su hermano.

- Hyôga!!

Al oír la voz de Mei, Hyôga de Cisne levanta su rostro lo máximo que puede.

- Un Santo de tu nivel... en ese estado tan horrible...
- No mires. Son heridas resultantes de mi inmadurez – Hyôga esconde, avergonzado, los brazos cortados por Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo.
- Mei, tú estás bien y eso basta. Sin ti y tu traje, Typhon...
- Hyôga... qué piensas de nuestro padre?
- Por qué me preguntas eso en un momento como este? – El joven ya no consigue entender las verdaderas intenciones de su hermano.
- Quién era, para ti, el hombre llamado Mitsumasa Kido? – Insiste Mei.
- El hombre que yo odiaba – responde Hyôga – Pero eso cambió... mi madre decía que él era una persona maravillosa, que se empeñaba en la paz del mundo. Yo nunca entendí. Ahora... yo no consigo explicar bien con palabras... pero, a medida que fui luchando con Athena, con mis amigos, con ustedes, mis hermanos... a medida que fui percibiendo el destino de mi estrella... Mitsumasa Kido se sacrificó por la misión que le fue impuesta por las estrellas. Estoy cada vez más tranquilo con relación a eso.
- Gracias, Hyôga.
- Por qué me estás agradeciendo?
- Tengo que irme. Voy tras Typhon. Voy a sellarlo – Despidiéndose de Hyôga. Mei desaparece de su vista, descendiendo rumbo al punto más profundo de la “Morada de Typhoeus”

Se irrita consigo mismo por su estado actual, incapaz de mover al menos un dedo como le gustaría, Hyôga investiga los alrededores en busca de alguien.

Pero una vez, el Santo siente, aunque mínimamente, el Cosmo de sus otros hermanos, pero no hay señal del de Mei, con quien acaba de hablar.

- Por qué? – El silencioso guerrero de hielo adormece, llevando consiga la extraña duda que surgió.

El altar maligno de tierras extrañas que aprisiona a la mujer serpiente embarazada estremece. El “Capullo del Tiempo” que envuelve a Echidna se puede romper en cualquier momento.

Un viento...

- Orthos – Llama Typhon – Chimaira... Ladon – Typhon engulle algo. Algo que se asemeja a vestigios de Cosmo de otros, reducidos a llamas de auras, transportados por el viento huidizo, succionados por las narices de Typhon dentro de su organismo.
- No necesito más de Gigas viejos como mis queridos hermanos – La lengua negra atraviesa los labios.
- Tampoco necesito de los hijos Gigas que hice nacer por pura diversión. Basta que yo esté aquí. Soy la prueba de que los Gigas vivieron – Completa, siguiendo ácidamente.
- Es un Santo de Athena – Ardiendo aún más las llamas de la mitad derecha de su cuerpo y haciendo correr más y más los relámpagos de la mitad izquierda, el aún durmiente dios de los Gigas se voltea para atrás – Lo viste, Mei. Voy a devorarte.

4

- Shun!!

El Santo de Andrómeda, que sacrificó su única arma de ataque para transmitir a Athena la localización de los Gigas, está amarrado a una columna del Templo. No parece estar consciente. No hay nada incluso que confirme que está vivo. Aunque lo esté, ciertamente está sin fuerzas por causa del campo de Flegra, al no haber recibido la Sangre de Athena. Es un Cosmo prácticamente apagado por la tempestad de Typhon.

- Hasta que llegaste, Mei, mi marioneta – El dios asimétrico vestido con el Adamas de ónix del color de las tinieblas encara al frágil humano con desprecio.

Están en una gran gruta, mayor que el Templo sellado bajo el Monte Etna: La “Morada de Typhoeus”. Sobre el altar de tierras extrañas, está clavada una mujer.

- Esa de allí es Echidna? – Mei traga en seco delante de la visión bellísima y al mismo tiempo horrenda del cuerpo de la mujer. Parece una broma de mal gusto de un dios vil. Sería ella una víctima?

La mujer tiene cabellos negros y suaves, la piel sedosa, los senos redondos como una diosa de la fertilidad y la cintura espiga un cuerpo femenino impecable. Pero, su mitad inferior fue transformada en serpiente.

- El Calabozo del Tiempo Estancado...! – Mei sabe el nombre del sello, por eso puede imaginar lo que iría a ocurrir. Aquel “Capullo del Tiempo” no se puede romper. La mujer serpiente, forzada a cargar el destino de Echidna, no debe despertar. La mujer está embarazada: Trae en el vientre algo que no debe ser engendrado.
- Echidna...
- Mi forma femenina. La última mujer Giga. Está embarazada de mi verdadero cuerpo carnal. Echidna en breve va a despertar.
- No lo permitiré – Mei avanza en dirección del gigantesco cuerpo de Typhon. Que se levanta sobre el vacío entre Gaia y el Tártaro.

Una centena de serpientes lamen su cuerpo cuando el ventarrón pasa por él. Los Cabellos Plateados se agitan para atrás. Pero Mei no tiene el “temor”.

- Tienes la protección de la Sangre de Athena? – Typhon, con la lengua negra afuera, produce un sonido incomodo de viento con sus dedos de la mano izquierda.
- La Redoma...
- El Campo de Llamas Terrenales es ahora dispensable.

Typhon inspira hondo y absorbe, por la nariz, toda la energía que había usado en el campo de fuerza. La tenue luminosidad se disipa y una oscuridad absoluta ocupa todos los espacios de la caverna. El único punto luminosos ahora es el halo de llamas y relámpagos del propio Typhon. Apenas su cuerpo divino ilumina el Templo Subterráneo.

De ese ángulo Typhon parece aún mayor. Será una ilusión provocada por la luz? Su figura colosal personifica nítidamente el “temor” de encontrarlo en esta Tierra Sagrada de los Gigas.
Mei camina en dirección al Templo.

- Cada vez que me aproximo a ti usando el Traje Sagrado...
- A cada paso que das, a cada ocasión que me contemplas...
- Lo recuerdo
- Lo recuerdo
- El dios de los Gigas.
- Guerrero Sagrado de Athena
- Siento el hedor de la sangre podrida de Athena.
- Y yo escucho la voz de Athena de tiempos antiguos.
- Está molestando. Tira ese Traje Sagrado maculado.

Un momento muy breve, formado por ataques y defensas en alta velocidad, rompiendo el propio Templo. Un instinto asesino, oscuro y calado, recorre la atmósfera en todas las direcciones. Los hilos de Orichalcum disueltos en las tinieblas son incinerados por el hemisferio derecho de Typhon y destruidos por el hemisferio izquierdo.

El dios de los Gigas balancea las manos para que las llamas alcancen la roca y los relámpagos toquen el techo, las paredes y el piso del Templo, quemándolos, golpea el piso con el pie para provocar ventarrones y con eso ondas de vacío corren ensandecidas por el aire. No hay técnicas o habilidades, apenas un poder divino capaz de estremecer los cielos.

Agitando los grandes escudos de sus dos brazos, Mei consigue esquivar dos ataques del dios gigante.

- Mei, mi marioneta. Me estoy divirtiendo. Al final, no eres tan fuerte.

Aunque aún incompleto, Typhon es un dios. Un frágil humano jamás podría igualar su fuerza.

- Mei, mi marioneta. Esto es divertido.
- Cuál es la gracia?
- Ahora tú eres constelación sin estrellas y recordando la sangre amalgamada a ese traje maculado... tú eres marioneta de Athena.
- No soy marioneta.
- Cuál es la diferencia entre Athena y yo? Yo guío por el temor. Athena esclaviza por el amor. Los guerreros de los dioses, escogidos por las estrellas, luchan y dan la vida por la Voluntad Divina.

En ese momento, Typhon exhala su energía vital. Mei es lanzado contra una pared por el “Kiai” liberado en todas las direcciones, llevando consigo sus escudos y toda la Cloth. Los dos ojos de Typhon brillan más intensamente en la oscuridad, encarando a Mei. La mirada maligna se fija en las piernas de Mei, creando una onda de destrucción asesina.

Mei pierde el habla. Su pierna izquierda está quebrada. Peor: Fue arrancada del cuerpo.

- Qué me dices? Aún estás soberbio diciendo que no eres una marioneta? – Typhon ironiza a Mei.

Apoyando en la pared, Mei permanece en pie con la pierna que le resta y mira el muslo de la pierna izquierda que ya no tiene.

- Que ocurre con mi cuerpo? – se pregunta el joven.
- Por qué no sangra casi nada? – De hecho, la débil hemorragia no parece proporcional a la gravedad de la herida – En la batalla que enfrentó antes de venir aquí, fuiste derrotado, perdiste bastante sangre y saliste semimuerto. O muerto – El monstruo se refiere a la lucha con Ladon, el Dragón de Cien Cabezas.
- Yo fui un tonto y me precipité. Perdí – recuerda Mei. Sin duda sangré mucho en aquel enfrentamiento, pero aún así tuve fuerzas para testificar la muerte de Nicole y, animado y salvado por el Cosmo de mis hermanos, Shiryû, Hyôga, Seiya y Shun, y bajo la protección de la sangre de tiempos antiguos de Athena, conseguí llegar al final delante de Typhon para cumplir el destino de la Cloth de Cabellera de Berenice.
- Los frágiles humanos mueren al perder un tercio de su sangre – Continúa el dios de los Gigas – Pon la mano sobre tu corazón. Siente tu pulso.

Mei no consigue creerlo: No hay señal de pulsación o latidos cardíacos.

- Un ser humano que habla después de perder toda su sangre... si no eres una marioneta, que eres entonces?
- Una constelación sin estrellas y la memoria de sangre amalgamada en un traje maculado.
- Eres una marioneta de Athena
- Mi voluntad se debe estar evaporando mientras digo estas palabras. Mi Cosmo...
- Llegó la hora. El tiempo se termina.

5

El dios de los Gigas deja a Mei suelto en el suelo y camina en dirección del altar. Observa con mirada de pura lujuria a la última de las mujeres Gigas, la forma femenina escogida.

- Echidna...

Por qué la mujer Giga no es diezmada por el temor al ser su nombre pronunciado por el dios a quien le rinde culto? Será por causa del lacre del Calabozo del Tiempo Estancado? Lo más probable es que Echidna no sea su verdadero nombre, y sí un apodo de desprecio dado a una pobre mujer que tiene la mitad de su cuerpo transformado en una serpiente en una jugarreta siniestra de un dios.

- Aquí estoy – Typhon dirige la voz a la barriga de Echidna – Mi verdadero cuerpo carnal.

En ese momento se rompe el capullo temporal, la bolsa fetal. El vientre de Echidna se empieza a mover. Sus largos cabellos ondulan. Su piel sedosa comienza a hacerse levemente roja. Los senos redondos balancean y la cintura fina se mueve de forma seductora.

- Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!! – La mujer grita con los dolores del parto.

La cría rasga por dentro la barriga de la serpiente. No tiene cabeza. Aquel ser hecho únicamente de cuerpo, parecido a un feto, el verdadero cuerpo de Typhon, es una gran piedra preciosa, aún más transparente que el cristal. El brillo del Adamas es del diamante del color de las tinieblas: Cornalina.

- Mi verdadero cuerpo carnal – Typhon se llama así mismo.

Se mueve a Voluntad Divina del dios gigante de las tempestades. De la misma forma que ocurrió en el Monte Etna, cuando se transfirió del cuerpo de Mei hacia el del Sumo Sacerdote Enkelados, su aura ahora se transfiere para el receptáculo de Adamas de tinieblas.

Pero, antes que consiga realizar la operación, el altar es envuelto en llamas. En el Templo Subterráneo cercado por las tinieblas, donde hasta hace poco él mismo era la única fuente de luz, Typhon para, iluminado por las llamas que incendian el altar. Su voluntad está congelada. La forma femenina de Echidna es consumida por las llamas infernales de Karma, delante de sus ojos, sin que pueda hacer nada.

Los largos cabellos de la mujer se queman, la piel está en ebullición, el aire caliente aspirado por los pulmones corrompe la carne por dentro.

- HÔ YOKU TENSHÔ!!!! (Vuelo Celestial de las Alas del Fénix)

Todo eso fue transformado en cenizas por el batir flameante de esas alas.

El receptáculo de Adamas que rompió la barriga de serpiente, frágil y vacío, inmediatamente se transforma en carbón y se pierde en forma de cenizas.

- Dónde está mi verdadero cuerpo carnal? – La Gran Voluntad está durante unos momentos vacilante, sin destino.
- Ikki!! Eres tú... – Mei reconoce al Santo por la cicatriz que tiene en la frente. El sobreviviente del infierno, envuelto por el aura del Ave Inmortal. El espíritu inamovible, el más fuerte de los hermanos que Mei conociera.
- Tú eres el Santo de la Constelación de Fénix – Dice Mei, levantando el cuerpo apoyado en la pared.
- Tú eres Mei. Pero por qué no siento tu Cosmo?
- Dicen que el Cosmo recorre la corriente sanguínea – explica Mei, hablando casi apenas para sí mismo – Yo perdí hasta el vínculo de sangre... – Mei sonríe para Ikki, el sobreviviente que hace mucho ya no sabía sonreír.
- Todos morirán!!! – Con eso estalla la Gran Voluntad de Typhon. Todo comienza a quemarse y a destrozar. Typhon, que hasta ahora preservaba la apariencia divina, entra en un espiral creciente y deformado de locura, como un tifón sin el ojo.
- Llévate a Shun y sal de aquí – Dice Mei

En medio de la tempestad de Typhon, Ikki arranca las cadenas que aprisionan a su hermano materno y, después de certificar que estaba respirando, lo carga en hombros.

- No vas a preguntarme nada?
- A ti, que ya moriste? Qué le preguntaría a un hombre muerto?
- Ikki... tal vez ya haya perdido hasta los lazos de sangre que nos unían. Aun así, solo puedo pedirte una cosa. Cuida de mis hermanos. - Mei sonríe.

Fénix, el Santo que no sonríe, sale callado con Shun.

El Guerrero de la Constelación de Cabellera de Berenice, el portador del Traje Sagrado sin jerarquía, los observa hasta que salen de su campo de visión y, enseguida, se voltea hacia el dios.

Los rizos de Hilos de Orichalcum, totalmente ajenos a la voluntad de Mei. Habían crecido hasta la pierna arrancada y la recogieron, trayéndola junto al joven. Los hilos cierran las heridas y suturan la amputación.

Mei se levanta y camina en dirección del dios de los Gigas, que corre, desesperado por el recinto. En el Campo de Batalla de la Gigantomaquia están solamente Mei, Typhon y las cenizas de la destrucción. El mundo del Santo está en el más absoluto silencio.

“Finalmente escucho la voz de las estrellas”, piensa.

- Deus Ex Machina – Dice entonces – Tú eres un “dios por medio de una máquina”

Mei controla los hilos cortantes que se mezclan en las tinieblas.


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