Saint Seiya CDZ. Caballeros del zodiaco
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Gigantomachia

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Portada del Volúmen 2 de Gigantomachia

Volúmen 2: Chi no Sho (Capítulo de Sangre)


Sangre

Existe en el Santuario un humilde cementerio. Allí reposan los Guerreros de Athena, algunos famosos, otros menos conocidos – Muchas tumbas no deben tener cuerpos sepultados. Las lápidas son simples piedras con nombre, clase y en algunos casos, la constelación de los Santos – Algunas completamente cubiertas de musgo.

- Pero una compañera que perdimos... – Balbucea Seiya, que recibió la noticia de la muerte de Yulij al volver de su misión.
- Conseguimos salvarla una vez... – Dice Hyôga, con el mirar perdido en dirección de la tumba recién construida.

Desde los tiempos inmemoriables de las antiguas leyendas mitológicas, Santos tan numerosos como las estrellas en el cielo luchan por el amor y por la justicia en la Tierra, cumpliendo su destino.

Yulij, Bronce, Sextante. Nada en la inscripción indica que esa es la tumba de una mujer.

- En cada combate, yo solo pedía una cosa... – La voz de Nicole está llena de tristeza – Que no necesitase decir una frase de despedida. El oficial mayor concluye la ceremonia.
- Eso es todo? – Mei presiona los labios delante de la lápida de Yulij. Siente que el homenaje fue demasiado corto para la nostalgia que siente.
- Y qué querías? Un entierro colosal como los emperadores de la antigüedad? – El tono de Nicole trae algo de sarcasmo – Deberíamos acaso hacer una fiesta para celebrar su pase y llorar durante siete días y siete noches? – Continúa – No necesitamos ostentaciones. Tampoco necesitamos tumbas. La paz en la Tierra es la mayor prueba de que cada uno de los Santos estuvo aquí. Aunque algún día las personas se olviden den nosotros, las estrellas jamás nos olvidarán.

Las palabras de Nicole reverberan el espíritu de Mei y su destino trazado por su Cloth negra. Él es un guerrero de la Gigantomaquia.

En la sala del Gran Papa, Nicole muestra a Seiya el pedazo de la Cadena Triangular de la Cloth de Andrómeda. La primera reacción del joven es ofrecerse rápidamente para rescatarlo.

- Shun fue a Anatólia. Estoy en lo correcto, oficial mayor? – Hyôga también está preocupado por su compañero y hermano.
- Fue al Monte Arima – Responde el oficial mayor.
- La Cadena Triangular es la cadena de ataque – Comenta Shiryû, sintiendo el artefacto con sus manos – Shun sacrificó su propia arma, renunciando a la lucha para alertarnos del peligro.
- Qué enemigo intimidaría a un Santo como Shun? – Alguien pregunta.
- Solo pueden ser los Gigas!! – Grita Seiya, impaciente – Yulij fue asesinada por un Giga que invadió el Santuario.
- Cálmate, Seiya – Athena, que hasta ahora estaba sentada en su trono, habla por primera vez, haciendo que todos los presentes se queden en silencio para oír la voluntad divina a la cual dedican su vida – La vida o la muerte de Shun depende del destino de su estrella. Pero vamos a hacer lo mejor que podamos por él.

Para sorpresa de Seiya, Hyôga y Shiryû, en ese momento un grupo de Santos entra en la Sala del Gran Papa.

- Llegaron – Confirma Nicole, volteándose en dirección de la puerta

Los recién llegados se presentan:

- Nachi de Lobo.
- Ban de León Menor.
- Ichi de Hidra.
- Geki de Oso, a su disposición.
- Jabu de Unicornio. Atendiendo la orden divina, nos presentamos en el Santuario.

Con eso aquellos Santos de Bronce se arrodillan delante de Athena

- Gracias por haber venido de tan lejos – Responde la diosa.
- Vinimos para reforzar las defensas del Santuario...
- Jabu trae la Cloth de Unicornio, con un cuerno solitario en el casco. Es parecido a Seiya y los dos tienen la misma edad. La principal diferencia es su piel, más morena, probablemente por venir de Argelia, donde cumplía su misión de Santo.
- Jabu, Nachi, Ban, Geki e Ichi – Dice el oficial mayor en un tono lo más “oficial” posible – Su misión ya fue comunicada: Deben formar un círculo protector alrededor del Santuario y defender a Athena.
- Si señor – Responde Jabu – También me gustaría volver a ver a Mei, ahora que sabemos que está vivo.
- Mei? – Llama Seiya, mirando alrededor.
- Alguien vio a Mei? – Pregunta Nicole, con un aire preocupado.
- Él estaba con todos en el entierro...
- Llegueeeeeeeeeeeeé!!!!

Seiya es interrumpido por la voz aguda de un niño, más joven que los otros, que entra en la Sala del Gran Papa. Es Kiki.

- Misión cumplida, señor Nicole – Dice el pequeño haciendo una reverencia torpe.
- Misión...? – La expresión del oficial mayor es de sorpresa pura.
- Cómo así? El señor no me mandó a tele transportar a Mei al Volcán Arima?
- Yo no di esa orden – Responde Nicole.
- No? En serio? Fue lo que me dijo Mei, por eso yo... – Kiki está confundido.
- Quiere decir que Mei fue a salvar a Shun solo? Grita Shiryû.
- Creo que está sintiendo culpa por lo que ocurrió con Yulij y Shun, además del retorno de Typhon... – Nicole se recrimina duramente por no haber sido capaz de percibir que Mei se responsabilizaba por los acontecimientos.
- Kiki! Llévanos a todos al Volcán Arima!
- D...de acuerdo!!
- Espera, Seiya – Interrumpe Nicole.

Altiva, Athena se aproxima a sus Santos placidamente, llevando su cetro que representa a Nike, la diosa de la victoria. Su largo vestido se agita suavemente.

- Nicole tiene la obligación de estudiar y analizar los hechos un poco más que tú – Dice la diosa – Si Typhon está en el Monte Arima, eso significa que probablemente ya exista allí una redoma protectora.
- El Flegra de Llamas Terrenales! – Seiya recuerda el campo de fuerza de Typhon, que absorbía el Cosmo y que tanto perjudicó en el Etna.
- Nicole – Athena desvía los ojos agrisados hacia el Gran Papa en ejercicio.

Comprendiendo la voluntad de Athena, el Santo de Altar parte en busca de una pequeña caja, la cual ofrece a la diosa. Dentro de ella hay una daga brillante como una joya. Athena mira con ternura a Seiya, Hyôga y Shiryû.

- Vengan hasta aquí.

Los tres Guerreros Sagrados atienden al llamado de Athena.

- Que la sangre proteja a mis Santos – La diosa aproxima el filo a su muñeca. Es tan afilada que basta un leve toque para hacer un corte. Sin vacilar, Athena la hace correr por su brazo. La nombre sangre divina dibuja un hilo bermellón sobre la piel clara.

Las tres Cloths de Bronce – De Pegaso, Cisne y Dragón – Reciben gotas de sangre de Athena y así obtienen una protección de su soberana voluntad.

Después ofrece la protección de su sangre también a la Cloth de Altar. Athena devuelve la daga a Nicole. El Santo recibe respetuosamente el arma, limpia la lámina con un tejido blanco y la coloca nuevamente en la caja.

- Mientras lleven estas Cloths consagradas con la sangre de Athena, no sufrirán con la Redoma Protectora de Llamas Terrenales de Typhon – Explica el oficial mayor.
- Entonces ahora podemos ir!
- Seiya... Hyôga, Shiryû. Acompáñenme hasta el Volcán Arima.
- Kiki, perdóname por abusar de ti, pero una vez más. Ahora cada segundo es importante. Es hora de un teletransporte más.
- Le confío a Shun, Me y todos aquí – Athena dice serenamente a Nicole, mientras Tatsumi procura detener, apresuradamente, la hemorragia de la muñeca de la diosa.
- Es claro, Athena. Sin Mei, será muy difícil sellar a Typhon – Antes de dejar la sala, Nicole hace una última reverencia.
- Qué es lo que quieres decir con “Sin Mei”? – Pregunta Seiya.
- Estaba hablando del destino de la constelación de Mei. Te contaré de eso más tarde. Ahora no es el momento – Completa Nicole.

Al despertar de una pesadilla en la cual se arrastraba por el suelo como una taturana, Shun está con escalofríos que lo entorpecen hasta la punta de los dedos.

- Esta sensación... – Es como si el Cosmo se vaciase de su alma – El campo de Fle...
- El Santo de Andrómeda – La voz áspera de Typhon interrumpe los pensamientos de Shun – Estás sintiendo temor?

Mirando fijamente al joven, allí está el dios asimétrico de llamas y relámpagos, el último de los Gigas, con su armadura brillante y oscura de Adamas. Shun es su prisionero.

- Por qué tengo la impresión de que ya te conozco? – pregunta el dios monstruoso – Siento que ya luche contigo. Ah, claro! Son las memorias de mi querido hermano Thoas.

Será que los recuerdos de Thoas, el Relámpago Veloz, se transfirieron a Typhon cuando él lo devoró en sacrificio? Shun tiene dificultades para encarar al dios de los Gigas: Las llamas y relámpagos que emanan de Typhon parecen quemar sus retinas. Y él está cada vez más poderoso. Shun no sabe, pero Typhon acabó de devorar a Pallas, el Espíritu Estúpido, aumentando aún más su poder.

- Veo que no eres solo un humano, Andrómeda – Dice la criatura – Tu eres el receptáculo de uno de los dioses del Olimpo. No me olvido del sabor de tu sangre y del Cosmo que absorbí, recuerdo poco, en el monte Etna. No podría desear un sacrificio mayor!

Typhon se inclina hacia delante y toca el rostro de Shun. Un choque eléctrico alcanza los centros nerviosos del cuerpo del Santo, que se contrae involuntariamente en un espasmo violento.

- Voy a devorarte! – Typhon se moja los labios con su lengua negra.
- Soy un Santo de Athena – Responde Shun. – Jamás me rendiré a tu temor.
- No hay como escapar del temor – Dice Typhon, volteándose – Me gustaría devorarte ahora, pero tengo que esperar.

El dios de los Gigas sale del campo de visión de Shun, revelando un altar. Sobre él, envuelta en un “Capullo de Tiempo”, reposa una imagen de una mujer embarazada, mitad humana, mitad serpiente. “El Calabozo del Tiempo Estancado”.

- Andrómeda, voy a devorarte en ocasión del nacimiento de mi nuevo y verdadero cuerpo carnal.
- Aquella mujer está viva?
- Echidna. La última de las mujeres Gigas – Revela Typhon – Un monstruo mitológico, diseñada por el temor de los frágiles humanos. Es mi forma femenina. Arranqué sus piernas para que no huya.

De hecho, Shun percibe que la mitad inferior de Echidna, la parte de serpiente, está atrapada en el pedestal por varios clavos.

En ese momento surgen tres figuras no identificadas.

- Padre – Dicen las sombras.
- Mis hijos... Qué son esos Cosmos pequeños que me irritan con su implicancia?
- Aparentemente, los Santos de Athena volvieron a invadir estas tierras – Responde la sombra de Ladon, el Dragón de Cien Cabezas.
- Son como insectos en verano. Mátenlos! – Ordena el dios de los Gigas. – Más que eso, devoren a cada uno de ellos!
- Sí, Padre – Respondiendo con obediencia absoluta, los hijos de Typhon deja nuevamente el templo subterráneo.

“Será que son Seiya y los otros?”, Piensa Shun. “Entonces la Cadena de Andrómeda llegó a Athena”.

- El “Tiempo Estancado” en breve se romperá – Repite Typhon, lanzando una mirada maligna en dirección a la mujer del altar. Y entonces, volteándose hacia Shun:
- Voy a devorarte, Santo.

De pie sobre una roca que recuerda un sombrero puntiagudo, Seiya examina el paisaje a su alrededor. Está en uno de los muchos bosques de piedra del valle de Anatólia, una región desolada, distante de la civilización. El Santo no ve ningún tipo de luz, ninguna señal de alguna habitación. Atrás de él están Hyôga, Shiryû, Nicole y Kiki, que los teletransportó del Santuario hasta allí.

- Oficial Mayor, cuál es la relación de esta tierra con Typhon? – Pregunta Shiryû.
- Un poema épico griego cuenta una historia llamada “La morada de Typhoeus”
- Typhoeus? Sería sobre Typhon?
- La verdad, es sobre la esposa de Typhon. Ya olvidaron el nombre de Echidna? – Pregunta Nicole a los Santos de Bronce.
- Made de monstruos – Responde Hyôga.
- Sí, muchos monstruos de la mitología griega son considerados hijos de Typhon con Echidna: El León de Nemea, la serpiente venenosa Hidra, Cerberus, el perro del infierno, el buitre que devoró las vísceras de Prometeo encarcelado...
- Espera ahí! Esos monstruos no son constelaciones? – Indaga Seiya.
- Lo son, sí – Explica Nicole – Esa leyenda es una de las muchas historias envolviendo a las figuras que dieron nombre a las constelaciones. Esos monstruos son frutos del miedo... del “temor” de las personas. Tal vez los humanos habrían intentado apaciguar a esas criaturas aterrorizantes llevándolas a los cielos. Además de eso, creo que el destino de las estrellas no existe solamente para los humanos, sino también para los Gigas.
- Usted piensa entonces que los Gigas también tienen sus constelaciones y ven las estrellas?
- Exactamente Shiryû – Nicole levanta los ojos hacia el cielo nocturno – El firmamento es el recipiente de este universo, en el cual todos los Cosmos y todas las Voluntades Divinas se mezclan.

En ese momento, los cuatro Santos verifican sus Trajes Sagrados. Admiran el brillo de las estrellas que honraban. Están bajo la protección de la sangre de Athena. Contemplan su destino.

- Vamos a salvar a Shun.
- Y a Mei.
- Y vamos a vencer, por Athena.

Nicole ve a los tres jóvenes colocar las manos unas sobre las otras, señalando el compromiso de cumplir la misión.

- Pero... y yo?
- Tu te quedaras esperando aquí, Kiki. Cuando sientas que estás en peligro, escapa enseguida. Tu fuerza es necesaria para Athena.
- Es cierto? Hummm, creo sí... sin mí, las cosas no ocurren, cierto? – Feliz con el elogio de Nicole, Kiki busca un lugar para sentarse y esperar a sus compañeros, que salen inmediatamente disparados por el bosque de piedras.

Los cuatro corren manteniendo una distancia fija entre sí.

Lo que ellos deben hacer no es protagonizar una historia de heroísmo y bravura para ser contada por milenios. Todo lo que harán es por el amor y por la justicia en la tierra. Por sus compañeros y por Athena.

- Aún no siento la Redoma de Flegra – Grita Seiya hacia los otros. El bosque de piedra no está sobre la maldición de Typhon, por lo tanto, al encontrar el campo de fuerza, encontraremos también al dios de los Gigas.

De repente sonó un ruido, una especie de grupo insurrecto. Los Santos de detienen y asumen posición de combate. El suelo se abre.

El bosque de piedra grita. El viento que recorre las rocas hace vibrar el aire y amenaza a los invasores como con un arpa estridente. El suelo cede. La superficie se desmorona como una concha vacía y los Santos son tragados hacia el centro de la tierra, perdiéndose unos de los otros en medio de las sombras de las rocas y el polvo que cae.

El cráter es grande, lo bastante para abrigar varios anfiteatros y va haciéndose cada vez más profundo, hasta que ellos finalmente encuentran el fondo. Con eso la tierra se hace silenciosa nuevamente.

- Uff – Hyôga tose, empujando una roca gigantesca – Dónde estoy? – El Santo percibe que perdió contacto con el Cosmo de Shiryû, Seiya y los otros.

El aire está saturado de polvo. Es imposible mantener los ojos abiertos. De cualquier forma,, Hyôga está muy debajo de la superficie: aunque pudiese abrir los ojos, la oscuridad es absoluta.

Mientras caía, Hyôga saltó instintivamente hacia un agujero lateral del cráter. Si hubiese caído hasta el final, abría sido aplastado por el volumen colosal de las rocas.

- Otra artimaña de los Gigas? – Se pregunta el joven, ahora separado de los otros Santos.

Un ventarrón tenebroso recorre el espacio vacío de la tierra. Hyôga siente como si una centena de serpientes lamiesen todo su cuerpo.

- Ahora... conseguiste sobrevivir al desmoronamiento?

Hyôga se voltea en dirección de la voz y para su sorpresa consigue abrir los ojos. El polvo, antes tan denso, desapareció completamente.

Esta es una caverna con luces vacilantes entre el rojo y el marrón, que recuerdo mucho al templo subterráneo del Monte Etna. Hyôga está sorprendido por la existencia de un espacio tan amplio bajo el Volcán Arima.

- Esa Cloth... no es un traje cualquiera – Continúa la voz, grave como de una fiera gruñendo.
- Ah, lo percibiste? – Hyôga ya consigue visualizar al enemigo: Es uno de los Gigas.
- Dentro de la Redoma de Flegra, armada en el interior de este templo subterráneo, tu Cloth repelió el “temor”.
- Typhon está aquí?
- Debe ser la protección de la sangre de Athena.
- Hyôga, de la constelación de Cisne.
- Orthos, el Maléfico Can Bicéfalo.

Su Adamas tiene un brillo de un zafiro estrella del color de las tinieblas, una piedra noble y rara, que trae en su profundidad un azul intenso, los rayos centellantes de las estrellas.

Hyôga reconoce el nombre del monstruo de la antigüedad. La figura que está delante parece ser hecha de roca maciza. Aunque tiene la misma altura que los otros Gigas, su torso y abdomen son de proporciones colosales, transmitiendo una densidad comparable al de un oso polar, un mamífero de media tonelada que es el mayor animal carnívoro del planeta.

El Giga usa un collar de espinas y una armadura de Adamas de formato poco común, recordando un valiente y rugoso perro Mastiff.

- Tú eres hijo de Typhon y Echidna. El Giga que invadió el Santuario declaró que habían nuevos Gigas, hijos del dios...
- Yo soy uno de ellos.

Su rostro estaba enteramente cubierto por un yelmo. Las hombreras tienen imágenes que representan al propio Maléfico Can Bicéfalo, con sus dientes la muestra como si estuviera siempre preparado para morder a los enemigos. Parece tener tres cabezas, incluyendo el yelmo.

- Entonces tu eres mi enemigo.

Un cristal de nieve danza en suspensión, congelando el aire. Los sonidos finos de las crepitaciones punteadas por el frío en la atmósfera son el silencioso preludio del guerrero, al elevarse el Cosmo de Hyôga.

- Te voy a devorar.
- Que mal gusto – Responde Hyôga, sintiendo un terrible malestar.

Después de haber sido prácticamente sepultado vivo, Seiya se abre camino destrozando las rocas que caían sobre él, levantándose de la tierra como un muerto resucitado. El joven se limpia los ojos y escupe enérgicamente el barro que se acumuló dentro de su boca.

- Dios! No tendría ninguna gracia morir en un lugar como este – Dice para sí mismo, tal vez para aliviar la tensión.

Encima de él la salida está parcialmente soterrada. Seiya no consigue divisar el fondo. En el lugar hay una luminosidad turbia, ocupando el aire en el interior de la caverna y revelando los contornos de la roca.

- Igual que el Monte Etna! Entonces aquí también es...
- Tierra Sagrada de mi padre.

Seiya da una ágil media-vuelta y asume posición de combate, poniéndose en guardia con los brazos.

- Quién eres, que apareces así de repente? Casi me matas del susto – Provoca Seiya, reconociendo en el enemigo la figura de un Giga – Entonces aquella abertura en la tierra fue una artimaña de ustedes!
- No era nuestra intención que el combate se resolviera así – Dice el monstruo – Si muriesen simplemente de esa manera, no podríamos vengar el odio acumulado a lo largo del tiempo por los Gigas. Quiero saber tu nombre.
- Para qué? Para escribirlo en un libro de historia? – Ironiza el joven.
- Los Gigas no necesitamos registrar la historia. La existencia de mi padre es la prueba de que los Gigas sobrevivirán – Después de eso el enemigo surge de las sombras completamente y su figura monumental domina la caverna llena con la Voluntad de Typhon.

Seiya detiene la respiración delante de lo que ve. El Giga tiene alas formadas por membranas estiradas sobre huesos como las de los murciélagos. La espada en la mano izquierda es una serpiente venenosa. El escudo en la mano derecha es una cabra, cuyos cuernos evocan a las antiguas representaciones del diablo. Esos objetos hacen que la figura parezca un fantasma sacado de una caballería medieval.

El brillo del Adamas que cubre todo su cuerpo es de rubí estrella, pero del color de las tinieblas – Otra piedra preciosa, rarísima, de un rojo tan intenso que llega a ser cruel, resguardando en su interior las llamas de estrellas enloquecidas. En su rostro, una mascara que imita la cara de un león.

- Dijiste padre? Estás hablando de Typhon? – Pregunta Seiya.
- Estoy preguntando tu nombre por una única razón – El Giga cambia de tema, completamente preparado para el combate – Tengo que saber el nombre de la carne que voy a comer.

Seiya se irrita con la forma en que el monstruo le encara. Pateando el suelo, toma impulso para lanzarse en dirección del oponente.
- PEGASUS SUISEI KEN!! (Puño Cometa de Pegaso) – Grita envolviéndose en un aura blanco-azulada.

Un brillo intenso. Sus puños se dirigen al enemigo a una velocidad mucho mayor que la del sonido. El ataque mortal rompe el Redoma de Llamas Terrenales y por eso puede ser lanzado con su energía de siempre. Pero un inesperado contraataque lanza a Seiya al suelo: El violento golpe aplicado por el escudo sostenido por el Giga hace que el joven caiga a una distancia de decenas de metros, formando una columna de agua. Un lago subterráneo.

El “Caballero Andante” de los Gigas sube pos los peñascos hasta donde Seiya fue lanzado. Aunque torpe, su andar no es de ninguna manera lento.

- Ya estaba queriendo lavarme los pies. Ya que, hace unos tres días que no tomo un baño – Seiya encara al enemigo dentro del lago, con el agua hasta la cintura. A pesar de estar golpeado, el joven sonríe con un aire tranquilo, como si no estuviera sufriendo ningún daño – Está un poco helada, pero creo que ahora ya me desperté.
- Ahora, tu...
- Para agradecerte, te voy a decir lo que querías saber. Yo soy Seiya de Pegaso!
- Chimaira, la Bestia Pluriforme – Se presenta el Giga. Su cuerpo tiene más de dos metros de altura y su armadura parece ser la propia caparazón del gigante.

En la época de entrenamiento de guerrero sagrado, Seiya había aprendido sobre fábulas de monstruos. El joven busca ahora en la memoria alguna referencia que su maestra, Marin, la Santo Femenino de Plata de Águila, podría haberle dicho sobre la Quimera. La mitad superior del Giga tiene la forma de un león y el inferior del cuerpo es una cabra. En la cola, una serpiente. Es un ser extraño, fantástico, asombroso.

- Tú eres hijo de Typhon.
- Voy a devorarte.

El caballo alado es la criatura fantástica que reúne múltiples animales juntándose en combate.

Nicole de altar también escapó del desmoronamiento, abrigándose en una caverna sobre el Volcán Arima.

- Oficial Mayor... – Llama Shiryû, el Santo de Dragón – Donde están Seiya y Hyôga?
- No lo sé. Aparentemente, cayeron muy debajo de donde estamos – Responde Nicole.
- Estamos en lo profundo de un foso? – Pregunta el Santo ciego.
- En una caverna. Por lo que veo, hay marcas artificiales en las paredes. Talvez sea un templo subterráneo de los Gigas. También parece que hay una Redoma de Flegra. Estoy preocupado por Shun y Mei...
- Señor, por lo que Kiki nos dijo, no debe ser más de una hora que él trajo a Mei al Volcán Arima.
- Espero que él esté bien.
- Si este fue el templo de Typhon, debemos ir para abajo. Encontraremos a Seiya y a Hyôga – sugiere Shiryû – Consigo sentir el Cosmo de ellos, aunque apenas minimamente.
- No me digas! Yo no lo consigo. Deben ser los lazos de sangre, ustedes son hermanos – Nicole sonríe.

En ese momento un golpetazo hace que los subterráneos del Monte Arima vibren nuevamente.

- Otro desmoronamiento? – Nicole mira para lo alto.
- No... esto es... – Sin tiempo de explicar, Shiryû sale corriendo en dirección de un Cosmo que sugiere una estrella moribunda – Por aquí señor!

En los corredores por donde siguen, la luminosidad está más reducida. Shiryû, aunque sea ciego, avanza como si guiase a Nicole por la penumbra. Llegan a una abertura más, más iluminada. Delante de ellos dos está...

- Mei!

...la figura del Santo vestido con su traje negro, herido y caído. Echado boca abajo, parece querer levantar el rostro, gimiendo.

- Estás bien?

Sin hacer ninguna mención de su resguardo, Nicole corre en su dirección.

- Pare! No venga! – Grita Mei con la voz debilitada, casi inaudible.

En ese instante se hace más completa la oscuridad. Metsu!
Un ataque viniendo de las tinieblas atraviesa el pectoral del Traje Sagrado de Plata como si fuese hecho de papel. Un sonido sordo. La protección de la estrella de Nicole parece estarse agotando.

- Oficial Mayor!

Algo lo atraviesa por la espalda. No hay nada que Shiryû y Mei puedan hacer. No hay como regresar en el tiempo. El fin de una vida no puede ser cambiado. La sangre inunda los pulmones de Nicole después su pecho de rompe.

Mei se aproxima a Nicole, arrastrándose. El Santo de la Constelación de Altar cae boca abajo, sin nada para amortiguar su caída.

- Mei... estás bien? – Pregunta el debilitado Nicole, preocupándose por los demás hasta en su último memento.
- Por qué no se puso en guardia? Una persona como usted, señor...? – Mei, con sus cabellos plateados ungidos de sangre, se arrastra al percibir que la muerte de Nicole es inevitable – Eso fue un descuido!
- Tienes razón... estoy avergonzado – Admite el Oficial Mayor – Perdí el control cuando te vi caído. Solo tenía en mente que tú eres necesario, Mei. Tu estabas a punto de traicionar la confianza de Athena... Yo dije que había un secreto oculto dentro del Santuario... la historia de la antigua Gigantomaquia... si ti... sin la Cloth de Cabellera de Berenice, sería muy difícil sellar a Typhon...
- Ahorre sus energías... no diga nada más...
- Sella a Typhon – Nicole gasta toda la fuerza que le queda -.Tu Cloth te guiará... será la voz de las estrellas... y solo tu podrás oírla...
- Sí...
- La única cosa que lamento... como Gran Papa Sustituto... – La mirada de Nicole va perdiendo fuerza – Es no saber cuál es el destino confiado a ti y a tu traje. Eso no está en la historia oficial. No está en ningún libro histórico. Ni Athena reencarnada sabe... la sangre de Athena consagrada en tu traje negro... en aquel pasado distante... te contará cuando llegue la hora.
- La protección de la sangre de Athena... – Repite Mei.
- Podría ser un destino terrible para ti... Aún así, estoy obligado a dar la orden. Mei... ahora veo que el destino de mi estrella fue decirte esto: Sella a Typhon – Son las últimas palabras de Nicole. En ese instante, otra estrella cae del firmamento.

NICOLE, Plata, Altar. Tal vez su tumba no tenga restos mortales.

- Oficial Mayor!!
- Shiryû – Advierte Mei – Ten cuidado... el enemigo...

Shiryû corre en dirección a Mei, investigando el interior de la caverna. Sus movimientos son interrumpidos por un Cosmo devastador.

- Apareció un insecto ruidoso más! – La presencia domina la caverna oscura.
- Tu me usaste cebo!! – Grita Mei – Es toda culpa mía! – Arrepentido, Mei se muerde el labio inferior con tanta fuerza que la sangre recorre por su barbilla.
- Mi padre ordenó que devorásemos a todos ustedes, Santos – Dice la voz que comanda a los Gigas hijos del dios.
- Quién eres tu? – Shiryû no lo ve, pero puede medir al temible Giga que está delante de él por la escala absurda de su Cosmo. Si pudiese divisarlo, ciertamente estaría aún más apabullado.
- Ladon, el Dragón de Cien Cabezas – Declara la voz, Mei se levanta tambaleante. Sus heridas son profundas y sangrientas: Tienen los músculos de la pierna divididos, como si la carne hubiese sido rasgada a mordidas.
- Ladon... Ese es el nombre de uno de los hijos de Typhon y Echidna en la mitología. El Dragón Maligno! – Grita Shiryû.
- Es el Giga hijo del dios del que hablaba Pallas... – Completa Mei.
- Aquí estoy – Proclama Ladon. El brillo de su Adamas era de ópalo Negro, una gema rara e irradia nebulosas estelares con todos los colores del arco-iris del firmamento de denso ébano.
- Vete, Mei – Ordena Shiryû – Seiya y Hyôga deben estar debajo de esta caverna. Sientes el Cosmo de ellos, no es así?
- Crees que voy a abandonarte?
- El Oficial Mayor me contó... sin ti y tu traje, será imposible sellar a Typhon.
- Pero...
- No repitas el error – Shiryû no tiene otra opción que abofetear al reluctante Mei – Para qué somos compañeros? Para que somos hermanos? Tu no estás luchando solo.
- Eso no lo esperaba. Llevarme un golpe de un hermano más joven...
- Mei... tengo una cosa que necesito contarte – Confiesa Shiryû – En la Batalla de los Doce Templos yo luché con tu maestro, el Santo de Oro de Cáncer... y lo derroté con estos puños.
- Lo sé – Responde Mei – Lo sé todo a través del Oficial Mayor... de Nicole. Él me contó antes de que yo me encontrara contigo en el Templo de la Constelación de Cáncer.
- Tu sabías!
- Aquel hombre – Mei abre el corazón para su hermano – Aunque había sido un Santo maligno que se volvió contra Athena, continua siendo mi maestro. Al mismo tiempo, tu y yo tenemos la misma sangre. Nunca voy a comparar las dos cosas.
- Mei... gracias. Esta conversación me libra de un peso enorme en el corazón – Shiryû sonríe, una sonrisa de alivio.

Delante de la actitud honesta de su hermano, Mei también se siente redimido, a salvo.

Antes que puedan despedirse, Ladon, el Dragón de Cien Cabezas, se coloca delante de la dupla.

- Crees que dejaré que él se vaya así? – Pregunta el monstruo, refiriéndose a Mei.
- Yo Shiryû de Dragón, voy a probar que sí.
- Dragón...? – Por primera vez, el Giga de máscara metálica revela algo que puede recordar a un sentimiento.
- Elévate, Cosmo! Toma esto! El mayor ataque de este Santo...

El Dragón celeste, resplandeciendo en un brillo blanco-azulado, se abriga en el puño derecho de Shiryû.

- ROZAN SHÔ RYÛ HA!! (Supremacía del Dragón Ascendente de Rozan).


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