Saint Seiya CDZ. Caballeros del zodiaco
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Gigantomachia

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Portada del Volúmen 1 de Gigantomachia

Volúmen 1: Mei no Shô (Capítulo de Mei)


Sicilia

- No puedo creer que estés vivo, Mei! – Dice, regresando a su lugar en el avión después de haber ido a buscar algo para beber.

Estamos en pleno vuelo. Este avión no tiene ventanas ni butacas. Los asientos son lonas filtradas, suspendidas por tubos en ambos lados de la cabina. El espacio es apretado: Si Seiya estuviese sentado frente a sus amigos, estaría prácticamente tocando sus rodillas con las de ellos. Por la decoración parece más una aeronave militar que un avión de pasajeros.

- No hay razón para tener esa expresión de sorpresa en sus caras. Shun y tu acaso no están vivos? Es normal que yo consiguiera sobrevivir.
- Normal, Tu? Aaiii! – grita Seiya cuando Mei aprieta con cierta fuerza su mejilla.
- Piénsalo bien, Seiya! Alguna vez conseguiste derrotarme en una pelea?
- Eso fue cuando tenía 7 años! Tú eres dos años mayor, en aquella época eso era mucha diferencia!
- Ja! Pero tu continuas siendo un pequeño.
Shun no resiste soltar una pequeña risa al ver la cara avergonzada de Seiya. Los dos Santos están usando sus trajes sagrados y llevan las Cajas de Pandora de Pegaso y Andrómeda en el compartimiento de carga, en la parte trasera de la aeronave. Se trata de un Tiltrotor, con capacidad para llevar diez pasajeros. Su alas poseen rotores móviles, en la parte externa se lee la inscripción “Fundación Graad”. Falta menos de media hora para llegar a Sicília.

- Si yo los llamara para pelear algún día, perdería con certeza. Exactamente como Shun, que vivía llorando... Ustedes ahora son Santos. Yo no lo conseguí.
- No lo conseguiste?
- Yo sobreviví, sin embargo no recibí la Cloth – continúa Mei, en un tono ligeramente sarcástico. – No paso de un soldado raso. Una estrella cae – es extraño. Mirando hacia Shun, en un gesto sorprendentemente serio: - Cuántos...? - pregunta cabizbajo – Cuántos sobrevivieron?
- Diez.
- Contigo, Once. – Dice Shun, en voz baja.
- Nosotros, solo diez...

En este punto es necesario interrumpir la historia para hacer un pequeño viaje al pasado.

Las luchas libradas entre Athena y otros dioses por la posesión de la tierra son llamadas “Guerras Santas”. La última de ese tipo ocurrió hace poco mas de diez años atrás cuando la nueva reencarnación de Athena descendió en el Santuario. La diosa era apenas un bebé y tubo que enfrentar un ataque.

La sombra del mal denominada Región Sagrada cuando Saga de Géminis, uno de los Santos de Oro, fue dominado por sentimientos perversos, queriendo volverse el señor de la tierra, poseído por la ambición, Saga asesinó secretamente al Papa de aquella época, enfrentándose después a la indefensa Athena.

Felizmente, el Santo de Oro Aiolos de Sagitario consigue salvar a la diosa antes que ella se vuelva victima de la daga afilada de Saga. Athena fue confiada a un señor llamado Mitsumasa Kido, que la llevó para el distante Japón, bautizándola como Saori Kido y la crió como su nieta.

Mitsumasa Kido, creador de la Fundación Graad, era uno de los hombres más ricos y poderosos del mundo. Después de poner a Athena bajo su protección, Kido ofreció a sus cien hijos que tenía con amantes en sacrificio, pidiendo como intercambio que fuesen consagrados como Santos de la diosa y vuelvan con las Cloths sagradas. El viejo jamás reconoció la paternidad de esos niños, tratándolos como huérfanos y lanzándolos a su propia suerte por los cuatro rincones de la tierra.

Las tácticas de entrenamiento en las artes de combate de Athena superan lo absurdo. Flaquear es sinónimo de muerte en busca de juntar a los más poderosos guerreros de la tierra. Los aspirantes fueron sometidos a bosques infestados de animales salvajes, desiertos insoportables, montañas donde respirar es un suplicio, planicies gélidas donde el frío lleva a una persona a una muerte en menos de cinco minutos. Islas volcánicas con calor infernal y gases tóxicos.

Prácticamente todos los hijos de Mitsumasa Kido murieron en ese proceso, enviados al infierno por su propio padre. Apenas diez de ellos consiguieron completar ese entrenamiento extremo y, elegidos por las constelaciones, volvieron milagrosamente con sus Cloths sagradas. Entre esos pocos están Seiya y Shun.

No hay tiempo para extender detalles del conflicto que ocurrió en el Santuario que fue conocido como “La Revuelta de Saga”. El lector interesado puede buscar información en una biblioteca, donde encontrará registros de esa serie de batallas. Fueron 13 años desde el encuentro del héroe Aiolos con el viejo Kido, pasando por el despertar de Athena (Saori Kido) y culminando con la derrota de Saga, cuando finalmente la diosa consigue regresar a Región Sagrada.

Entre los aspectos más dramáticos de ese periodo está el descubrimiento, por parte de los 10 huérfanos sobrevivientes, de que la nieta del viejo Kido, a la cual algunos llegaron a odiar, era en verdad la diosa Athena. O el hecho de que su padre los ofreciera en sacrificio para criar Santos Guerreros que vivirían para defenderla. Ahora reconocen a Saori como la verdadera Athena, Seiya y sus compañeros consiguieron superar la propia infancia infeliz y, lo más importante, derrotaron al maligno Saga, arrancando el Santuario de su poder.

No podemos olvidar que el costo de innumerables sacrificios e incontables pérdidas y gracias al grandioso amor de Athena es que la paz en la tierra sigue preservándose.

- Seiya, tu fuiste mandado a Grecia, cierto?
Y Shun, tu fuiste para.... La Isla de Andrómeda, cierto?
- Y tu fuiste para Sicília.
- Eso. Sin embargo no fui llamado de vuelta por la Fundación Graad después del entrenamiento. Que les habían dicho que había pasado conmigo?
- Creo que habían hecho una partida de defunción en tu nombre. Quien desee ser Santo tiene que conquistar la Cloth a cualquier precio. Las otras alternativas son huir, morir o vivir totalmente aislado como un soldado anónimo.
- Si, entiendo – Los ojos de Mei parecen perderse en el vacío. – Mi maestro fue asesinado en la Revuelta de Saga y yo ya no tenía a nadie para entrenarme. – El joven hace una pausa para suspirar. – Acabé en Sicilia, sirviendo como una especie de espía del Santuario. O lo que ellos llaman “Agente Operacional de Campo” yo creo.
- Lo más importante es que estás vivo, Mei. Cambia de cara, yo estoy muy feliz por eso, de verdad
- Bien.

La simpatía que los tres jóvenes sienten por el otro tiene raíces mucho más profundas que la camaradería ganada por haber sobrevivido al entrenamiento para volverse Santo. A pesar de tener madres diferentes, son todos hermanos.

- Tu sabías sobre nuestro padre? – Pregunta Shun, cuidadosamente.
- Yo siempre lo supe. Desde que estaba en el orfanato de la Fundación Graad. – Mei continua, ahora mostrando una sonrisa. – Sin embargo la señorita Saori era la Encarnación de Athena, eso yo no sabía! – Completa. Soltando una risa burlona.
- A nosotros, eso nos pegó de sorpresa!
- Ahora, con respecto, Seiya – Dice Shun, en un tono bastante serio.
- Qué les parece, Shun! Habla serio, me recuerdas a una niña mimada, arrogante y diciendo su voluntad!
De hecho, la Saori Kido de ahora es la imagen perfecta de la gran diosa Athena, símbolo de amor y confianza absoluta, pero ella no fue siempre así. Cuando niña, llamaba la atención solo por su belleza física, causando impresión de gran soberbia. El despertar de la Voluntad de Athena solo ocurrió después de su desenvolvimiento físico. Antes de eso, para los huérfanos como Seiya y los otros, Saori – Quien recibía el amor del mismo Mitsumasa Kido – No pasaba de ser blanco de los celos y del rencor.

- No fue contigo, Seiya, aquella historia de “Sé mi caballo”?
- Ese fue Jabu! Ni aunque me chicotease fingiría ser un caballo!
- Jabu... Él, recuerdo una cara con ese nombre... – Mei está cabizbajo, los ojos mirando en dirección a sus brazos, cruzados entre sí. Luego de hacer una pequeña pausa, se arma de valor para hacer una pregunta más difícil: - Quiénes son los otros que sobrevivieron?
- No lo sabes?
- Yo nunca salí de Sicilia, no sé casi nada sobre los Santos del Santuario. Yo no sabía que ustedes estaban bien hasta que nos encontramos ahora hace poco.

De hecho, no todos tienen acceso al nombre de los Santos. Es una especie de secreto militar, como muchas de las informaciones sobre la Región Sagrada. Soldados de jerarquía inferior, como Mei, en general conocen un número mínimo de Santos.

Shun dice los nombres de sus hermanos sobrevivientes, uno por uno:

- Shiryu, Hyôga, Ikki
- Tu hermano? – pregunta Mei, al recordar que Ikki es hermano de padre y de madre de Shun – Y también que los dos no son nada parecidos en términos de temperamento, por el contrario: Mientras Shun tiene carácter delicado, llegando a recordar a una niña, Ikki es su opuesto perfecto, un niño brutal y duro, con un gran gusto por las artes marciales.

Mei se emociona con la lista de Santos sobrevivientes. Consigue recordar los rostros de cada uno de ellos.
-... y Jabu. Diez en total – Es Seiya quien concluyó contando.
- Cuál es la estrella de él?
- Unicornio.
- Jaja! – Mei no consigue contener la risa.
- No es perfecto? – concuerda Seiya.
- Con seguridad! Unicornio es un bicho que solo acepta ser cabalgado por doncellas, no? Y él siempre estaba moviendo el rabo para Saori, hasta corría para servirle de caballo a ella.
- Y continua así mismo hasta ahora. No ha cambiado nada.
- Ni ustedes – completa Mei. – consiguieron volverse Santos, más no cambiaron ni un poco!
- Ni tu, Mei – Confirma Shun.
- Jabu está en Argelia – Cuenta Seiya. – Shiryu está en Rozan, China y Hyôga, en Sibéria Oriental. La mayoría de los otros también continua cumpliendo su papel de Santos en los lugares donde fueron entrenados.
- No conseguimos descubrir donde está mi hermano Ikki.
- Bueno, desde pequeño le gusta andar de lobo solitario...

En ese momento el alto-parlante anuncia que ya están sobrevolando espacio aéreo Siciliano. El viaje de Grecia hasta ahí fue corto para matar dudas.

Seiya y Shun corren en dirección a sus Cloths, en cuanto a Nicole, que no participó en la conversación por estar piloteando el avión, anuncia secamente:

- Vamos a abrir la puerta trasera y disminuir la altitud. Ustedes tres van a saltar.
- Brincaremos, eh? – Seiya hace una mueca pero la cosa va en serio.
- Este bichito bebe mucho combustible en cada aterrizaje y despegue – Explica Nicole. – Tenemos miedo que no tengamos suficiente para volar al Santuario.
- Pero solo piensas en ti mismo, Nicole? Quién va a garantizar nuestra seguridad? – Replica Seiya.

Tal vez el lector está sorprendido conque un Santo como Nicole, de la Constelación de Altar, sea capaz de pilotear una aeronave de tecnología avanzada como este Tiltrotor. Sin embargo el hecho de que los Santos de Athena sean entidades completamente aisladas del mundo cotidiano, no significa que no se relacionen con él. Su misión no es proteger un universo fantasioso de cuentos de hades, sino el planeta donde vivimos. Los Santos también son mutables, así como el cielo y la tierra, evolucionan con ellos.

Sin embargo conforme a la idea de lanzarse al vacío, Seiya avanza con Shun para la parte trasera, que está abierta y deja entrar a la cabina intensas corrientes de aire. Está a diez metros de altura, por eso no alcanza a tentar usar paracaídas.

- Listos? – Pregunta Mei, su voz abochornada por el sonido del viento cortante, y entonces: - Fiu! – Salta del avión.
- Que Athena los proteja. – Dice Nicole, en el momento en que Seiya y Shun se lanzan tras Mei en el oscuro mar de Sicília.

Si pensamos en la Península Italiana con su forma de bota, la isla de Sicília queda a pocos kilómetros del pico del zapato, separada del continente por el Estrecho de Messina. Es una ubicación privilegiada en el Mar Mediterráneo: Desde su extremo oeste, es posible divisar el continente Africano. Esa es la mayor isla de la región, con más o menos la misma área de Sergipe, en Brasil, su formato triangular le ha ganado el apodo de Trinacria (Isla de tres puntas). Sicília tiene un clima ameno y suelo fértil, que, junto con su posición estratégica en el mapa europeo, fue objeto de innumerables disputas y guerras a lo largo de la historia.

En la antigüedad, prosperaban ahí colonias griegas. Años mas tarde, la región fue conocida como “Granero de Roma”. Después ocurrieron las invasiones bárbaras y la dominación por el Imperio Bizantino. En la edad Media, la isla fue conquistada por árabes venidos de África, y, en el siglo XI, los normandos, descendientes de los vikingos nórdicos, se aliaron con las fuerzas islámicas para establecer el reino de Sicília, que en cierto punto se llegó aun cuando se dominó el sur de Italia.

El trono Siciliano pasó por varias familias y tradiciones monárquicas: El Sacro imperio Romano Germano; La Casa de Anjou, francesa: Los de Aragón, españoles; Y la de Habsburgo, en el siglo XIX, se fundó la región Nápoles, en principio se le conocía como “El Reino de las dos Sicílias”. Finalmente, en 1861, Sicília fue anexada a Italia, país con el cual forma parte hasta hoy, a pesar de su cultura y trayectoria histórica completamente independientes.
Habitada por pueblos de múltiples orígenes y lenguas, Sicília es diversificada, colorida, y frecuentemente complexa como un mosaico. Su propio nombre ya tiene innumerables variaciones, como Siquéria, adoptado cuando era una colonia griega, o Siquília, en la época de la dominación romana. De la misma forma, las ciudades de Siracusa, al sudeste de la isla es famosa por ser la tierra de Arquímedes, recibió diferentes denominaciones a lo largo de su historia, como Surakusai, Siragosa, Siracusa.
La arquitectura siciliana es uno de sus grandes destaques, una combinación armoniosa de culturas mediterráneas medievales – bizantina, islámica y gótica – y de la corriente barroco, adoptado a partir de la edad moderna, al mismo tiempo, pocos lugares conservan tantos rastros de la Grecia Antigua. Se separaron por la isla ruinas de monumentos erguidos en honor a los dioses del olimpo, como los templos encontrados en el valle de Agrigento, así mismo, innumerables y grandiosos teatros y arenas.
Varios episodios de la mitología griega tienen a Sicília como escenario, como la ya mencionada Gigantomaquia. Por ejemplo, dice la leyenda que Odiseo, uno de los mayores héroes de los poemas épicos griegos, libró una batalla difícil con el monstruo marino Scylla cerca al estrecho de Messina.

- Qué te viene a la mente cuando oyes hablar de Sicília? – pregunta Mei. Los amigos se refugiaron en un islote pequeño y oscuro, de donde Mei observa el antiguo teatro de Taormina. Llegaron ahí después del arriesgado salto: Los que sería suicidio para las personas normales pero no es nada comparado al entrenamiento que los tres habían vivido para volverse Santos.
Seiya piensa un poco y dice:
- Mafia.
- Debido al Padrino, verdad? – Dice Mei. – En verdad ese asunto es un tabú aquí! Pero ahora Sicília es mucho más segura que el continente, sabias? Taormina está en la costa este de la isla, con una población de cerca de 10 mil habitantes. Situada en un declive en el monte Tauro, a 400 metros de altura, la ciudad tiene una magnífica vista al mar. Su belleza natural le ha ganado se escenario de muchos films, y la región es un centro turístico mundialmente famoso.

El área urbana de Taormina es antigua y, como ocurre en muchas ciudades europeas, predominan las aceras y calles estrechas. El pavimento es todo hecho de piedra, completamente inadecuado para los automóviles de hoy en día, y prácticamente no existe estacionamientos ahí. En el camino 114, al lado del mar, parte góndolas llevando turistas que visitan la ciudad.
- Hay un frase conocida en Sicília – cuenta Mei -, “En las tierras ocupadas por los viveras y por los dioses del olimpo, pueden nacer estúpidos y genios, pero jamás criminales”. Es algo que mi difunto maestro decía.
- Mira… Mei. Nosotros no hemos venido aquí para hacer turismo – dice Shun.
- Lo sé.
Los Santos fueron enviados a Sicília después del ataque al Santuario, pero no tienen idea del paradero de los invasores.
- Sabes donde podemos encontrar a esos Gigas?
- Shun, si no lo supiese no habría sido llamado a la Región Sagrada. No un mero soldado raso como yo – Mei apunta en la dirección de la fachada del teatro. A través de la pared de arcos es posible ver el mar Iónico a la izquierda y Taormina a la derecha, separados por la venda litoral que se extiende en dirección sudoeste. Aun más allá de este espectacular paisaje está una montaña imponente.
- El monte Etna – Susurra Shun.
Se trata del mayor volcán activo de toda Europa, con 3340 metros de altura. Por sus muchas erupciones y gran cantidad de lava derramada, el monte tiene una pendiente suave y no exageradamente inclinada. De su cumbre brota una intensa capa de humo y ceniza.
- Según las leyendas griegas – explica Mei – Los Gigas enterrados por Athena sobre el monte Etna sufren tanto que escupen llamas y humo.
- Vaya, como está oscuro – interrumpe Seiya – Ya debió haber amanecido, o no?
El sol es poco más que un círculo apagado en el cielo, y toda la isla está cubierta por una especie de luz media. A pesar que estamos en el auge del verano, no hay casi nadie en Taormina, el lugar parece más bien una ciudad fantasma.
- El Etna está en una fase de intensa actividad, lo ví en la TV – Explica Mei. – La tiembla a toda hora y el aeropuerto está cerrado por causa de las cenizas volcánicas y una corriente de lava ya llegó al borde de la ciudad, que se declaró en estado de emergencia. Eso explica por que Taormina está tan desierta en este verano, siendo normalmente un agitadísimo centro turístico.
- La población fue evacuada de esta área?
- Exactamente. Normalmente podríamos subir una parte del Etna en auto, pero ahora las entradas están bloqueadas por el ejército.
- Rayos – reclama Seiya, tocándose la cabeza – Entonces la gente tiene que ir a pie.
- Primero, un baño de mar. Ahora, caminar por la montaña, Tus vacaciones de verano están completas, Seiya! – Dice Mei.
- Esto es bueno… podemos actuar sin tener que preocuparnos por los moradores o turistas.
- Si los Gigas realmente están de vuelta, la primera cosa es verificar si los arcos de Athena están atados.
- Como, a propósito, ordenó el señor Nicole.
- Según mi maestro – dice Mei, al mirar en la dirección del cráter – Los arcos de Athena están en las profundidades del Etna.
- De acuerdo! Entonces vamos? – pero antes que Shun y Mei pudieran responder…
- Bienvenidos, cachorros de Athena!
Con el susto, los jóvenes se ponen en posición de alerta, sombras salen de diferentes puntos del teatro a cielo abierto.
- Es necesario felicitarte por haber venido tan rápido al encuentro de la muerte, Pegaso!
- Agrios! – Seiya reconoce al gigante con quien luchó en el Santuario. Y el no está solo.
- Solo mandan tres personas? Los Santos deben estar con falta de personal.
- Y esos son niños aún! Mamá les mando hacer compras, cierto? Quirrirri…
En el palco está Agrios, la Fuerza Bruta, Thoas, el Relámpago Veloz y Pallas, el Espíritu Estúpido, armado con sus “garras marionetas”. Sus trajes de Adamas reflejan el brillo turbio del cielo oscurecido.
- Shun, son los Gigas que invadieron el Santuario ayer! – Pero otra vez Seiya es interrumpido, ahora por una nueva presencia que surge poco a poco en el centro del palco
- Qué? Argh, que olor tan horrible! – Seiya cubre su boca instintivamente, sintiendo una terrible ansia de vómito. Y como si estuviese empujando su rostro dentro de un saco de excrementos.
- Espero ahí! Dice Shun – Mi cadena está reaccionando ante su presencia…
La cadena amarrada a la Cloth sagrada de Andrómeda tiembla como si estuviese siendo golpeada por un relámpago.
- Es él! La persona que me atacó en el teatro!
La sombra el cuarto Giga aparece de repente en medio de un remolino de humo negro. Su voz poderosa resuena en la arena y hace que todo el lugar tiemble con la vibración:
- Mi nombre es Enkelados, la Voz Sellada.

Soy Enkelados! El sumo sacerdote de los Gigas!
- Con eso, ondas vibratorias recorren el aire, chocando contra las ruinas y causando varias explosiones concéntricas.
La fuerza increíble de esa voz lanza a Seiya, Shun y Mei, este último cayó en las gradas.
- Qué tipo de voz es esa? Mi cuerpo se está hormigueando…
- El es el Jefe de los Gigas?
En ese momento, Mei es lanzado nuevamente, ahora contra la pared, y su cuerpo cae pesadamente en el suelo.
- De donde está viniendo esa presión..? – Pregunta el joven, escupiendo unas gotas de saliva con sangre.
Mei está particularmente por no tener un traje sagrado para protegerse, como Shun y Seiya, quienes visten las Cloths más poderosas de la tierra, hechas de una mezcla de súper metales ahora desconocidos por la humanidad, como Orichalcum, Gammanium y Polvo Estelar.
- Dónde está Athena? – Enkelados carga un bastón esculpido con imágenes de monstruos de tierras desconocidas, Su rostro se esconde atrás de una máscara con facciones de Orco, o de demonio devorador de hombres. Su armadura de Adamas, bastante adornada, tiene color amarillento, con un topacio eclipsado, y está cubierta por una sotana de sacerdote. – Aquella idiota mandó Bronce para atacarnos! La jerarquía más baja! Por lo visto, ella aún no cree que nosotros, los Gigas, hemos vuelto!
- Hey, puedes insultar a la gente pero deja a Athena fuera de eso! – Seiya siente la sangre subirle a la cabeza.
- Ja! Una meretriz ordinaria luciendo como protectora de la tierra. Y ustedes son peores que aún, meros cachorritos de ella! El dios primordial que adoramos ni siquiera reconoce su calaña! – Enkelados está claramente queriendo irritar a los Santos con esas ofensas. – Athena nos lanzó en las profundidades del vacío… imperdonable! Ahora queremos venganza! – El monstruo continúa su juego de provocaciones: - Arrancaremos los vestidos de Athena y la humillaremos como una bastarda común de hombres mortales!
- Como puedes… - la mirada de Shun, normalmente calmada y serena, se arma de una fuerte furia.
- Están los Gigas de vuelta… - Dice Mei, levantándose y limpiando la sangre de su rostro. – Eso significa que el sello de Athena fue roto!
- Como consiguieron romper el sello de la antigua Gigantomaquia?
- Qué hicieron con la señorita Yulij? – Seiya pregunta mirando fijamente al sumo sacerdote de los Gigas.
- Aquella mocosa…?
- Quirrirri! Mediocre, mediocre, mediocre, mediocre, mediocre! Los supuestos protectores de la tierra son meros cobardes que se aterrorizan por una rehén? Me hacen reír – Se intromete Pallas, el Espíritu Estúpido.
- No la matamos. Aquella mocosa está en una caverna subterránea – Enkelados apunta con su báculo al monte Etna. – Si quieren salvarla, es mejor que sean rápidos. Aún siendo un Santo Femenino, morirá pronto si continúa respirando los gases venenosos del volcán. Eso si las cavernas no volaron por los aires en una erupción.
Mei se da cuenta que no pueden continuar ahí, deben ir a buscar a Yulij inmediatamente:
- Seiya, Shun! Síganme!
Es difícil dejar a un lado a Enkelados después de todas las provocaciones, pero esta lucha tiene que esperar. Los jóvenes corren en dirección al monte Etna, evitando la zona urbana de Taormina, a una velocidad tan increíble que no dejan ni sombras en el camino. Aún sin poderes extra-sensoriales como teletransporte, la agilidad y los saltos de un Santo son inmensamente superiores a los de un ser humano común.

A ciudad queda atrás rápidamente, dando lugar a colinas con plantaciones cercadas de muros de piedra y arbustos. Todo ahí está cubierto por cenizas volcánicas.

- No tenga tanta prisa, niños. – Para sorpresa de los tres, los Gigas los siguen de cerca.
- Pero cómo?! – Se pregunta Shun, en cuanto Thoas, el Relámpago Veloz viene atrás de el, como una sombra. Pallas, por su parte, está atrás de Mei. - Aún no terminamos la explicación… Si quieren salvar a aquella chica…
- No necesitas decirlo. Debemos derrotarlos a ustedes, no es cierto?!
- Sabes hablar, mocoso! – Agrios, la Fuerza Bruta, arranca de un solo golpe una enorme cantidad de tierra, cavando así un enorme cráter. - Ahora, tu adversario, obviamente seré yo, Pegaso!

Seiya no está dispuesto a conversar y salta en dirección a los Gigas. Si quieren luchar ahora, que sea rápido. Para poder finalmente salvar a la señorita Yulij.

El brillo de los trajes de Adamas es de un azul tenebroso. La pesada armadura, con clavos expuestos por toda la superficie, simboliza claramente la naturaleza agresiva de las criaturas. Bajo el casco adornado con cuernos, Agrios encara a Seiya con una sonrisa maliciosa.
- Puedes venir.
- PEGASUS RYÛSEI KEN!! (Puño Meteoro de Pegaso) – Al grito del Santo fue como si surgiera un brillante rayo de luz. Es su golpe más poderoso. Ningún oponente resiste en pie los más de cien golpes por segundo, cada uno con la fuerza de Pegaso, cayendo sobre su cuerpo como una lluvia de estrellas fugaces…

- Eso es todo? – Agrios pregunta, sin mostrar algún daño mínimo por el Pegasus Ryûsei Ken. Cada vez más queda claro que los Gigas despertaron con un poder equivalente al de los Santos.
Los Adamas de la armadura de Agrios no tienen señales de daño. Seiya se detiene seco ante el dolor que atraviesa su puño. Por más poderoso que sea, ningún cuerpo consigue resistir el golpe de un guerrero sagrado – La esencia de la destrucción, capaz de romper átomos. La única forma de detener un ataque como ese es con una fuerza igual o superior al de los Santos. Estamos hablando de la fuerza interior, el llamado Cosmo.

- Yo lo sentí en la Región Sagrada – Balbucea Seiya, poniendo los brazos en posición defensiva – Pero el Cosmo de el es aún mayor y más agresivo de lo que imaginaba.

En ese momento, Agrios se inclina para abajo, expirando vigorosamente. Coloca una de sus manos en la tierra, agachándose. Seiya observa horrorizado cuando explosiones internas de fuerza hacen que los músculos del Giga se expandan aún más.

- Siente la diferencia de fuerzas entre los Santos… y los Gigas – Agrios dice, antes de gritar: - CRAG PRESS (Presión de Risco) El Giga salta en dirección de Seiya, golpeando el suelo con su pie para impulsar su impetuoso avance. Su golpe acierta de lleno en el Santo, que solo consigue soltar una especie de espasmo sofocante.

De vuelta al Santuario, en la sala del Papa. Al volver de Sicília, Nicole de Altar encuentra a Saori Kido – Esa es, Athena – En pie, en la misma posición en que estaba cuando el partió.

- Agradezco su empeño – Dice la diosa. – Como está Seiya y los otros?
- Los dejé a salvo en la isla – responde Nicole. – Están verificando la integridad del sello de Athena en el monte Etna.
- Parece que el monte está en erupción, con muchos daños.
- Es verdad, diosa
- Será que no es muy peligroso? Se sabe que la población fue evacuada por causa de la lava y los gases volcánicos.
- Los Santos de Athena no tienen ningún peligro o dificultad. Fuera de eso, la Fundación Graad ya está trabajando en conjunto con el ejército italiano. La región está aislada en un radio de diez kilómetros, ciertamente no tenemos disturbios innecesarios.

- Muchas gracias, Nicole. Fu muy rápido y eficiente.
- Es el papel del Papa Substituto – agradece, inclinándose delante de la joven. – Pediremos que Kiki nos triga noticias de los acontecimientos en Sicília.
- Lo siento mucho – Dice Athena, ligeramente cabizbaja. – Di otras ordenes a Kiki – y continúa, después de una pausa: - Se que los Gigas realmente volvieron, son enemigos terribles. Por más que Seiya y Shun sean guerreros sagrados de innumerables batallas, enfrentándolos solos sería…
- Comprendo – interrumpe Nicole – Me hubiera gustado que me lo hubiese consultado al respecto antes.
- Pensaras que soy demasiado sentimental – dice la diosa – No quiero que ninguno se lastime… y con eso se derrama siempre la sangre de un gran número de Santos…

Saori Kido puede parecer demasiado emotiva para ser una divinidad, pero es exactamente esa la “voluntad” de Athena.

- Justamente por ser así, Athena, es que nosotros, los Santos, la seguimos y la protegemos – Responde Nicole, con la más absoluta sinceridad y lealtad.

- Que las estrellas los protejan – Athena hace una plegaria con su grandioso Cosmo, deseando a sus amados Santos un retorno rápido y seguro.

No es fácil explicar en palabras la naturaleza del Cosmo, una vez que se trata del Séptimo Sentido. Palabras son la propia expresión de la sabiduría humana, y estamos lidiando con algo completamente ajeno a la humanidad en los días de hoy.
El ser humano común posee básicamente cinco sentidos: vista, oído, gusto, olfato y tacto. Existe un sexto sentido, que se acostumbra llamarlo intuición o capacidad de premonición, pero apenas aquellos considerados paranormales tiene esa dimensión mas desenvuelta.
En un pasado lejano, todas las personas estaban dotadas del Séptimo Sentido – Estábamos en la era de los mitos, cuando aún no había fronteras nítidas entre los dioses y los seres humanos. Aunque está presente aún ahora, de forma sutil, la propia fuente de vida en la tierra, el desenvolvimiento de la civilización como los hombres acabaron perdiendo esa maravillosa capacidad.
El Séptimo Sentido es el origen de los poderes sobrehumanos de los Santos de Athena.
A través de el, los guerreros sagrados dominan la técnica de despedazar átomos, siendo capaces de manipular, incendiar y expandir la energía que da origen a la vida – es por eso que son tan poderosos. Es de esa increíble habilidad que nace el Cosmo, una fuerza grandiosa e impar.

En el Monte Etna, las plantas del paisaje se vuelven cada vez más escasas a medida que avanzamos en dirección a la cumbre del volcán. Aquí terremotos ocurren con frecuencia.
Las laderas negras están cubiertas de cenizas, gravas, guijarros y pedazos de lava endurecidos.
- Basta a jugar a “atrápame”, Chico que Bronce – Thoas, el Relámpago Veloz, se coloca frente a Shun, bloqueando su camino.
Los Adamas de su armadura es de malaquita oscura, con piedras incrustadas que levantan ojos esverdeados. El traje es extrañamente bello y elegante, contrastando con las formas agresivas dotadas de garras y clavos que adornan las armaduras de los demás Gigas.
La expresión de Thoas también es diferente de los otros Gigas. Con largos cabellos negros y piel extremadamente blanca, su semblante se mantiene generalmente sereno. Su mirada, adornada por cejas marcadas y oscuras, puede considerarse tranquila. Con certeza – Y eso vale para todos los Gigas – Su apariencia no recuerda en nada a los gigantes de pinturas inspiradas en la mitología griega, comúnmente retratados como intimidantes demonios de cabellos blancos.

- Este ser posee un Cosmo impresionante – Piensa Shun, asustado. Los Santos se valen mas del Séptimo Sentido que de los ojos, oídos, nariz, piel, boca o intuición. Es a través del Cosmo que su sensibilidad alcanza su punto máximo.

- Será que Seiya y Mei están bien? - Preocupado por tus compañeros? – Thoas lee los pensamientos de Shun con facilidad, usando principalmente el Séptimo Sentido. – Que tranquilidad la tuya, estar pensando en otros… - Continúa el gigante. – Es mejor preocuparte primero por tu propia vida.
- Por qué están provocando este conflicto? Son responsables también de la erupción del Monte Etna?
- Y si fuimos?
- Muchas personas viven aquí! Las víctimas de las batallas son siempre personas que no tienen como defenderse. Pro que quiere destruir a tantos inocentes? Quieren conquistar la tierra?
Thoas responde con otra pregunta:
- Chico, estás hablando de la Guerra Santa?
- Si, lo estoy.
- El olvido es el peor de los crímenes. Santo Guerrero de Athena. Tu pareces dispuesto a enfrentarnos sin saber el motivo. – Giga suelta una risa maliciosa y comienza su explicación tortuosa. – Antes de la Gigantomaquia, antes de ser exiliados en las profundidades más allá del Tártaro, ya había Athena en la tierra, Poseidón en el mar y Hades en el reino de los muertos. Más poderoso que ellos estaba Zeus, en los cielos, y los dioses del Olimpo reinaban sobre los tres mundos. Poseidón y Hades declaraban la guerra a Athena innumerables veces, con el objetivo de dominar la tierra… ustedes, Santos, expulsan a los enemigos y llaman a esos conflictos Guerras Santas.
- Los Santos siempre luchaban contra “voluntades” malignas para proteger el amor y la paz en la tierra – Shun no entiende a donde Thoas quiere llegar con todo eso.
- Sin duda, Athena es la guerrera protectora de la tierra, eso todos lo admiten. Ahora dime… a quien Athena y los Santos defienden?
- A los seres humanos. – responde Shun.
- Tienes razón. Los seres humanos, las personas de la tierra. – Hace una pausa breve. – Chico, luchas y me matas.
- Como?
- Y yo lucharé y te mataré. Arrancaremos la carne de los huesos uno del otro. Basta sobrevivir respirando la sangre del enemigo. No se necesitan pretextos edificantes y de lenguaje difícil para justificarlo.
- El qué...?
- Sin embargo, recuerda que seremos nosotros, los Gigas, los vencedores de esta batalla. – después de eso, Thoas lanza el cuerpo de Shun por los aires. El Santo cae al suelo deslizadizo de grava y ceniza volcánica, deslizándose por la ladera.
- Que fue lo que ocurrió? – Shun está cada vez más confundido. Simplemente no percibe el movimiento del ataque de Thoas.
- Voy a matarte. – Thoas golpea al Santo en el cuello antes que el se pudiera levantar. En ese momento, un sonido estridente de metal resuena cuando chispas saltan por el aire. Thoas retrocede, protegiendo la muñeca herida por la cadena de Shun, que ahora rodea al Santo en una espiral frenética que recuerda a un ciclón. – Esa cadena es una excelente defensa, chico.

El lector que conoce el mapa de las constelaciones celestes debe saber que Andrómeda, comparte una estrella con la constelación de Pegaso, y representa a una doncella con las manos encadenadas.
Cuentan las leyendas griegas que la reina Casiopea de Etiopía provoca la ira de Poseidón, quien pasó a devastar su país con maremotos e inundaciones. El rey Cefeo consultó a un oráculo buscando una forma de apaciguar al poderoso dios de los mares y el oráculo le respondió que debía ofrecer al gran Poseidón a la princesa Andrómeda en sacrificio. Con eso, Cefeo ordenó que la princesa fuera encadenada a unas rocas, en la bahía del mar. Andrómeda fue salvada por el héroe Perseo, que la rescató montado en su caballo Pegaso. Todos los personajes citados en esta historia fueron alzados en el cielo y transformados en constelaciones.

- Mi nombre es Shun... Shun de Andrómeda. No “Chico”.
- Ah, eso explica la cadena. Al igual que las flores más frágiles se visten de espinas para defenderse. Su Cloth acaba de salvarle la vida. - Lamento informarte que la cadena de Andrómeda no solo sirve para la defensa. – El Cosmo interior de Shun aumenta con cada palabra. – Ella puede atravesar cualquier espacio para atacar a un enemigo, no importa a cuantos años-luz se esconda.
Fue esta misma cadena que soportó la pesada espada de Orestes enmascarado en la Acrópolis. Ella atiende la elevación de Cosmo de aquel que la posee, rompiendo el espacio por si solo para protegerlo. Las Cloths Sagrados de los Santos son más que armaduras hechas de súper metales. Ellas poseen un misterio divino, vida y voluntad propia.
- Cadena de Andrómeda! – Lanzada al suelo la cadena se arrastra por el suelo volcánico, levantando las cenizas formando un remolino brillante. – Esta es mi Nebulosa de Andrómeda – Explica Shun.
La imagen de la galaxia formada en la penumbra de la montaña amplía infinitamente su alcance, con poder proveniente de una dimensión desconocida. - De hecho, no podemos menospreciar a los Santos con un traje sagrado – a pesar de toda la demostración de fuerza de Shun, Thoas se mantiene misteriosamente calmado y en ningún momento asume cualquier posición de combate. – Mejor así. Es preciso que sea así! De lo contrario, no habría razón para traerlos al Monte Etna... joven y bello Andrómeda, muestra tu Cosmo para Thoas, el Relámpago Veloz.
- Tenemos realmente que luchar? – Como siempre, Shun se resiste a pelear.
- Si me matas o yo te mato.
- Fuerzas internas estallan. Los Cosmos de Shun y Thoas chocan con violencia en la lucha, envolviendo la Cadena de Andrómeda.

Al recuperar los sentidos, Yulij de Sextante no tiene idea de donde está. Se siente atontada, con un dolor agudo en la cabeza, y tiene una tremenda dificultad para respirar. Es como si sus pulmones estuvieran quemándose.

-...Es gas? – Se pregunta, en voz baja.
De hecho, el interior de la caverna está repleto de gases volcánicos con un acentuado olor a azufre, ahora intenta llevar las manos al rostro para cubrir su boca. Yulij percibe que sus brazos están encadenados a una roca.
Normalmente ella no tendría dificultad alguna para romper esas cadenas de hierro, pero su cuerpo está entorpecido, tal vez por el efecto de los gases. Yulij mira a su alrededor, volteando así gradualmente. No sabe dónde está, pero percibe que es una especie de gruta. A pesar de no encontrar en su campo de visión ninguna antorcha o fuente de luz, consigue ver claramente dentro de la caverna. “Por qué no está oscuro aquí?”, Piensa la joven.
- Porque esta es la Tierra Santa de los Gigas – la voz hace que Yulij se estremezca de pavor, como si fuese una mujer común. Voltea para ver en la dirección de ella:
Un demonio. No, es una máscara. Un hombre vistiendo una máscara diabólica como un Orco.
Es Enkelados, la Voz Sellada, en su larga armadura, que tiene un brillo dorado de topacio, él observa atentamente a su prisionera.

- Quién eres? Dónde estamos? – Yulij se esfuerza por aparentar tranquilidad y firmeza, mas está seriamente trastornada. Siendo una Santo Femenino, no se asustaría con la fachada rastrera de una máscara: consigue reconocer e identificar con precisión el increíble poder del enemigo.
- De la misma forma que Athena tiene su Santuario, nosotros tenemos esta tierra, protegida por la voluntad del dios de los Gigas.
- Gigas...? – Yulij no consigue hablar bien y ni siquiera tiene la certeza de que su pronunciación es correcta. Hasta sus labios están entorpecidos. Revisando sus conocimientos como Oficial Auxiliar, recuerda que los Gigas son seres malignos de morada desconocida, exiliados por Athena en la antigua Gigantomaquia. Es una historia de una guerra distante, de la cual prácticamente no quedan registros, ni en el mismo Santuario.
Pero otra vez Yulij ve a su alrededor, sin entender de donde viene esa sutil luminosidad del ambiente. Sería la propia roca brillando como una pared luminosa o estaría tan saturada de partículas de luz? De cualquier forma, no es una luz comprensible para la lógica humana. Ciertamente está en una Región Sagrada, pero esta voluntad es de naturaleza completamente diferente a la de Athena.

- Que pretendes al haberme raptado? – Pregunta, tosiendo.

Tampoco entiende como el gigante que tiene enfrente puede estar inmune a los efectos de los gases. Recuerda que las máscaras de las Santos Femeninos tienen efecto neutralizador de tóxicos, tal vez la máscara de orco tenga la misma función. Entonces Yulij recuerda que su máscara fue quebrada en la lucha en el observatorio. Su rostro está expuesto, desprotegido. Para una Santo Femenino, estar sin máscara es como estar desnuda. - Los Santos tienen dogmas exquisitos – Dice Enkelados, demostrando que puede leer los pensamientos de Yulij. – Las Santos Femeninos usan máscaras para abandonar su feminidad – continua, irguiendo con bastón el mentón de la joven, forzándola a mirar al frente, haciendo que su espíritu sea invadido por humillación y desagrado. – Tú eres una presa, un cebo, una carnada. Este será el fin de los Santos.
Mientras estaba enfurecida, Yulij no consigue contener la risa.
- Yo soy tu rehén? Que te hace pensar que una Santo Femenino de Bronce como yo tendría tanto valor?
- No he dicho que tengas valor alguno. Pero Athena no piensa así. Dice que su espíritu se retuerce de dolor cada vez que uno de sus protegidos es herido. La prueba es que ella envió unos Santos aquí al Etna para salvarla.
- Qué? – Yulij no entiende como el Oficial Mayor Nicole colocó a otros defensores de Athena en peligro. En contraste con su actitud pacifica del día a día, cuando se trata de velar por la protección de la diosa, Nicole es severo y totalmente insensible a las necesidades individuales de los Santos y Santos Femeninos. “Esto quiere decir dos cosas”, concluye, en pensamiento. “Que esta situación es muy seria, y que, más de una vez, Athena actuó de acuerdo a su enorme corazón.”
- Si, con su enorme corazón tu diosa mandó a los Santos a la muerte en las manos de los Guerreros Gigas, jajaja! – Enkelados suelta una carcajada terrible.
- Tu no puedes ser un Giga, uno de aquellos monstruos que adoraban dioses corruptos del pasado... – antes que consiguiese terminar, Yulij es alcanzada en el rostro por el bastón del gigante, cortando el interior de su boca.
- Cómo osas llamar a mi dios corrupto? – dice, jalando a la Santo Femenino por sus cabellos plateados. – Compórtate, perra de Athena! Estamos delante de la presencia divina.

Un palpitar. Yulij consigue sentir el ritmo de un corazón latiendo. Su Séptimo Sentido le dice que, mucho más allá de esta caverna, en los confines perdidos del vacío entre Gaia y el Tártaro, un Cosmo de escalas nunca antes imaginadas está en gestación. En algún templo subterráneo está siendo nutrido un mal de dimensiones desconocidas.

- Cuando él resurja sobre la tierra, no tendremos motivos para tenerle miedo a Athena! – Enkelados parece satisfecho por el hecho de que la Santo Femenino percibiera el poder divino.
- Un dios maligno del pasado...? – Son las últimas palabras de Yulij. El golpe de bastón diabólico la alcanza con un sonido sordo. La Santo Femenino se desmaya. Con los cabellos manchados de sangre.


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