
El Anillo de los Nibelungos es destruido y Athena es salvada gracias al valor de sus caballeros.
Con el poder de la Armadura de Odín y la Espada Valmunga Seiya asesta un golpe de espada que parte el anillo de los Nibelungos en dos, terminando así el poder de Poseidón, que poseía a Hilda. Hilda, herida, se levanta para ocupar su lugar que le corresponde y la armadura y la espada vuelven a su lugar. Con sus rezos y plegarias, sosteniendo la espada de Odín, consigue volver a congelar los polos. Los caballeros corren al encuentro de Athena, que parece fatigada, e Hilda acude también arrepentida. Pero cuando están celebrando la victoria una enorme ola se alza desde el océano y engulle a Atenea.